Si el Partido Republicano mantiene el control del Congreso, Trump promete regalar 5.000 dólares a cada adulto norteamericano. Un "plan platita" a escala global que costaría la friolera de 1,2 billones de dólares y sobre el cual nadie sabe muy bien de dónde saldrán los fondos. Mientras desde su entorno corren para jurar que no se trata de una flagrante compra de votos, la escena genera inevitablemente un guiño de complicidad a miles de kilómetros de distancia.
Si cruzamos el mapa hacia el sur, la cifra adquiere una dimensión casi mística. En la Argentina actual, donde un jubilado promedio cobra poco más de 300 dólares al mes —y hace auténticos malabares entre el supermercado y la farmacia—, la sola mención de un bono semejante suena a fantasía de ciencia ficción. Para los abuelos de nuestras latitudes, recibir cinco mil billetes verdes de un solo saque no sería un simple estímulo económico; equivaldría, literalmente, a financiarse casi un año y medio de vida sin sobresaltos.
Sería la verdadera fiesta nacional: asados multitudinarios el domingo, remedios al día, nietos tapados de regalos y viajes a la costa sin mirar el saldo de la tarjeta. Todo financiado por la billetera mágica de Washington.
Por eso, desde este rincón del mundo, el mensaje para el magnate neoyorquino parece caer por su propio peso. ¡Donald, armate las valijas y venite para el Sur! Acá no te vamos a andar cuestionando la factura fiscal ni te vamos a exigir presupuestos detallados en el Congreso. Vení tranquilo, trajeado y con los bolsillos llenos de esa moneda verde que tan bien conocemos. Los jubilados argentinos ya están listos para recibirte con los brazos abiertos, aplaudir tus discursos de dos horas y darte ese abrazo caluroso que las encuestas del Norte hoy te niegan. Eso sí, como dice la letra chica de tu propuesta, prometemos gastar hasta el último dólar acá mismo. Solo falta que traigas el efectivo.
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