Al final del día, a Manuel Adorni se le terminó el multiempleo. En un país donde la herencia recibida obligaba a cuidar cada peso, el hombre se las había ingeniado para acumular dos de los cargos más codiciados del Estado. Pero Javier Milei decidió aplicar su propia motosierra interna y le recortó las funciones: Adorni conserva la Jefatura de Gabinete, pero le dice adiós a las conferencias de prensa matutinas. Perder uno de tus dos trabajos en plena época de ajuste siempre es un golpe, aunque, seamos sinceros, el panorama financiero de Manuel no parece el de un ciudadano común y corriente. Mientras la Justicia Federal revisa con lupa su declaración jurada en una incómoda causa por presunto enriquecimiento ilícito, los maliciosos en los pasillos de Balcarce 50 sugieren que el exvocero ya acumuló "la plata" suficiente como para no perder el sueño por el sueldo que deja de percibir.
Para sacarse de encima el inmovilismo de defender la gestión mientras se esquivan preguntas sobre el patrimonio propio, el Presidente recurrió a su círculo más puro. El elegido es Adrián Osvaldo Ravier, un economista de 48 años que representa el reverso exacto de la moneda de su predecesor. Donde Adorni ponía ironía televisiva, chicanas a la oposición y un acting diario para las redes, Ravier ofrece el silencio del claustro. Nació en Buenos Aires en 1978, pero adoptó La Pampa como su hogar desde hace dieciséis años. Su estampa es la de un intelectual de biblioteca: se doctoró en Madrid bajo la tutela de Jesús Huerta de Soto —el mentor español que Milei cita de memoria— y pasó las últimas décadas saltando entre pizarrones de la UBA, la UCEMA y la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala.
Ravier no es un improvisado de la política de último momento; es parte de la red liberal histórica que acompañaba al mandatario cuando las ideas de la escuela austriaca eran una rareza de nicho en la televisión. De hecho, antes de encabezar la boleta de La Libertad Avanza en tierras pampeanas y convertirse en diputado nacional, Ravier compartía con Milei la coautoría de libros sobre teoría monetaria. El contraste ético y estético con el jefe de Gabinete saliente es total. Mientras uno debe explicar de dónde salieron sus fondos ante los tribunales, el nuevo vocero llega con los bolsillos limpios de la academia, sin más riqueza acumulada que un frondoso currículum repleto de papers, libros y premios de la Mont Pelerin Society. Habrá que ver si el rigor de los ciclos económicos y las teorías de Hayek le alcanzan para financiar la paciencia que se necesita frente a los acreditados de prensa.
La jugada, tejida bajo el ala del influyente asesor Santiago Caputo y con el visto bueno de Karina Milei, busca limpiar la pantalla oficial. El Gobierno necesitaba una voz que hablara de inflación y reformas sin que el debate terminara siempre en la billetera de quien comunica. Adorni lo despidió con elegancia en las redes sociales, deseándole éxitos en la nueva etapa y recordándole que ahora será "la voz de quien está haciendo grande a la Argentina". Habrá que ver si Ravier logra mantener la compostura académica cuando las preguntas dejen de ser sobre la macroeconomía y pasen a ser sobre el barro de la política diaria, un terreno donde la plata va y viene, pero las explicaciones fiscales se vuelven obligatorias para todos.
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