La frase del secretario general del PRO fue breve, pero alcanzó para volver a poner sobre la mesa una de las incógnitas que atraviesa a la política argentina desde hace meses: si Mauricio Macri y Javier Milei podrán recomponer una relación que pasó del entendimiento estratégico a un prolongado período de distancia y desencuentros.

"En algún momento creo que retomarán ese diálogo", afirmó De Andreis y no fue una expresión casual. Llegó apenas horas después del nombramiento de Diego Santilli como jefe de Gabinete, una decisión que dentro del macrismo fue interpretada como una señal de cambio en la dinámica del Gobierno y como el inicio de una etapa con mayor apertura política.

En el entorno de Macri no ocultaron la satisfacción por la llegada del "Colorado" al principal cargo político del Gabinete nacional. De Andreis recordó que fue el propio expresidente quien años atrás impulsó a Santilli para ocupar el Ministerio del Interior y destacó su capacidad para construir consensos. Según su visión, el nuevo jefe de Gabinete reúne dos condiciones que hoy considera indispensables: experiencia de gestión y vocación de diálogo.

La designación también fue leída como el cierre de un ciclo marcado por la figura de Manuel Adorni, cuya salida fue celebrada por buena parte del PRO. Desde el primer día, los dirigentes amarillos cuestionaron la acumulación de funciones del exjefe de Gabinete y vocero presidencial, además de la tensión permanente que generó con sectores aliados. En ese contexto, el desembarco de Santilli aparece como una oportunidad para bajar el nivel de confrontación y recuperar puentes con fuerzas que acompañaron buena parte de las reformas impulsadas por la Casa Rosada.

El trasfondo, sin embargo, excede un simple cambio de nombres. Desde el balotaje de 2023, la relación entre Macri y Milei atravesó un recorrido complejo. El líder del PRO tomó una decisión que alteró el mapa político al brindar un respaldo explícito al candidato libertario frente al kirchnerismo. Aquel apoyo fue determinante para consolidar un amplio frente electoral que terminó llevando a Milei a la Presidencia.

Con el paso de los meses, aquella sociedad política empezó a desgastarse. Nunca hubo una ruptura formal, pero sí una sucesión de episodios que fueron alimentando la desconfianza. En el macrismo recuerdan promesas incumplidas, escasa participación en decisiones relevantes y gestos públicos que interpretaron como desplantes hacia quien había sido uno de los principales sostenes políticos del Gobierno en sus primeros meses.

Aun así, Macri nunca rompió definitivamente con la administración libertaria. Cada vez que el oficialismo necesitó respaldo parlamentario para leyes consideradas estratégicas, el PRO acompañó. Esa conducta respondió, según sostienen cerca del expresidente, a una convicción que repitió desde el inicio del mandato de Milei: preservar la gobernabilidad y evitar que las diferencias políticas pusieran en riesgo la estabilidad institucional.