La necesidad de pedir dinero o financiar compras impacta a la mayoría de las familias, con especial dureza en aquellas con menores y en el norte del país, mientras la mora bancaria alcanza niveles inéditos.

Si bien desde los sectores oficiales atribuyen esta tendencia a una mayor facilidad para acceder a préstamos, las cifras históricas muestran que esta presión alcanza cifras muy altas.

El mapa de las deudas expone diferencias claras según la composición del hogar y la geografía. En aquellas viviendas donde viven chicos, la necesidad de financiamiento salta al 62,8%, mientras que en los hogares sin menores el porcentaje cae al 52,7%. Asimismo, el Noroeste encabeza el podio por regiones: allí, 7 de cada 10 personas reconocen pedir prestado para completar el mes.

Tener un trabajo formal tampoco frena la toma de crédito; de hecho, abre más puertas para conseguirlo. En los hogares con asalariados registrados, el 71% recurre al financiamiento, frente al 55,8% en los sectores informales. Una lógica similar se da en la cima de la escala social: las familias de mayores ingresos son las que más se endeudan, mientras que en los sectores de menores recursos la cifra ronda el 60%.

Tanta presión sobre el bolsillo ya pasó factura al sistema: la morosidad trepó en julio al 12,9%, un nivel récord que enciende luces rojas sobre la capacidad real de pago.

Frente a esta coyuntura, la Cámara de Diputados aprobó por unanimidad el emplazamiento de comisiones para tratar a ritmo firme proyectos que buscan dar alivio a los deudores morosos y prorrogar la emergencia en Discapacidad, fijando reuniones informativas y de dictamen para las próximas semanas.