París y las principales ciudades de Francia amanecieron este domingo entre cenizas y vidrios rotos tras varias jornadas de pura furia urbana. Lo que empezó con marchas estudiantiles y reclamos gremiales contra la inflación y el recorte en las escuelas terminó transformándose, en cuestión de horas, en un frente de guerra que desbordó por completo a la policía antidisturbios.
Las imágenes impactan. Grupos encapuchados de Black Blocs y manifestantes irrumpieron en el corazón de las protestas para sembrar el caos. En la Plaza de la República, en París, el aire se volvió irrespirable entre nubes densas de gas lacrimógeno, bombas de estruendo y contenedores en llamas. La violencia no dio tregua: restaurantes quemados, locales saqueados a plena luz del día y vehículos destruidos a lo largo de varias cuadras.
El descontrol traspasó la capital y encendió alarmas en todo el país. Hubo ataques directos a sedes oficiales e incendios en edificios públicos de ciudades como Limoges, Lyon y Marsella. Tras varios días de bloqueos e insurrección en las calles, el balance oficial refleja una situación gravísima: más de 1.800 personas arrestadas en todo el territorio y cerca de 350 heridos, entre manifestantes y efectivos de seguridad.
A seis meses de las elecciones presidenciales, el clima social y político se encuentra en un punto de quiebre. El gobierno denuncia un ataque directo a los símbolos de la República, mientras los líderes de la oposición acusan al oficialismo de haber perdido el control de las calles. En el medio, una ciudadanía atónita contempla cómo la violencia salvaje se terminó devorando por completo cualquier intento de protesta.
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