En un giro radical de sus ideas Milei promete endurecer medidas que ya existían, mientras Estados Unidos, Israel y Chile aparecen en una partida que va mucho más allá de las islas.
La soberanía es una causa nacional irrenunciable; el desafío es defenderla sin convertirla en un trofeo de campaña rumbo a 2027.
Todo empezó a tomar otra dimensión aquella noche del Mundial. Después de eliminar a Inglaterra, los jugadores argentinos desplegaron una bandera sobre el césped con una frase que recorrió el planeta: “Las Malvinas son Argentinas”. El gesto, que desató polémicas y reabrió discusiones, volvió a poner en el centro una pregunta que parecía relegada: ¿qué hace realmente la Argentina frente al enclave colonial británico?
Ahora Javier Milei recogió ese clima. En cadena nacional, rodeado por su Gabinete, anunció sanciones contra las empresas que exploten petróleo en Malvinas, más recursos para Defensa y una Base Naval Integrada en Tierra del Fuego.
El detonante es Sea Lion, un megaproyecto petrolero en el que participa la israelí Navitas Petroleum junto a la británica Rockhopper Exploration. La cuestión no es menor: mientras la disputa diplomática continúa, la posibilidad de comenzar a extraer petróleo agrega una dimensión económica concreta.
Pero también aparece la primera controversia. La Ley 26.659, sancionada en 2011, ya prohíbe explorar o explotar hidrocarburos en la Plataforma Continental Argentina sin autorización nacional. Además, permite inhabilitar empresas, impedirles contratar con el Estado y establece sanciones penales. Las herramientas estaban. El problema fue hacerlas efectivas contra compañías sin presencia directa en el país.
La novedad anunciada por Milei apunta a ampliar responsabilidades y acelerar procedimientos. Habrá que comprobar si esta vez las sanciones llegan donde antes no llegaron. La pesca plantea una deuda similar: durante años se denunciaron licencias y explotación de recursos alrededor de las islas, mientras el Reino Unido mantuvo el control efectivo.
En el tablero internacional, Estados Unidos vuelve a ser decisivo. Milei apuesta a un eventual cambio de posición de Washington y la visita de la general Laura Richardson a Ushuaia, en 2024, había mostrado el interés estratégico estadounidense en Tierra del Fuego y el Atlántico Sur. Israel queda involucrado por Navitas y Chile, que respalda el reclamo argentino, ocupa una posición clave por su cercanía geográfica y sus propios intereses australes.
Con 2027 en el horizonte, Milei encontró una causa capaz de atravesar divisiones. Pero Malvinas no debería servir como premio electoral. Las Malvinas son argentinas. El desafío es convertir esa certeza histórica en una política sostenida, más allá de cualquier gobierno y de cualquier campaña.
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