La economía global atraviesa un momento de transformaciones profundas y alta incertidumbre, y en ese escenario complejo, una argentina acaba de ser elegida para timonear la estrategia analítica del Fondo Monetario Internacional. Silvana Tenreyro, una destacada economista tucumana de 52 años, fue designada por Kristalina Georgieva como Consejera Económica y Directora del Departamento de Estudios del FMI. El cargo, que equivale al de economista jefe.
Graduada de la Universidad Nacional de Tucumán y doctorada en Harvard, Tenreyro cuenta con una trayectoria impecable que combina la investigación con la gestión pública real. Dicta clases en la London School of Economics y ya sabe lo que es tomar decisiones de peso, dado que se desempeñó como directora del Banco de Inglaterra. Su llegada al Fondo rompe con las especulaciones de los medios internacionales, que esperaban un nombramiento estadounidense, y se da en un contexto de sintonía política entre las administraciones de Donald Trump y Javier Milei.
Para la Argentina, su nombramiento tiene un peso simbólico y práctico indiscutible. El país mantiene hoy una deuda de 57.763 millones de dólares con el organismo, una cifra que representa nada menos que el 34% de toda la cartera de préstamos del FMI. Si bien su rol es de escala global, sus ojos conocen de cerca la realidad local. Respecto a las eternas recetas para estabilizar la economía argentina, Tenreyro tiene una visión particular que cruza las dos grandes escuelas de pensamiento: propone usar el shock para anunciar un cambio de rumbo rotundo y marcar un quiebre, pero aplicar un gradualismo responsable en la implementación. Para ella, una transformación inmediata es inviable porque gran parte de la población necesita tiempo y herramientas para adaptarse a las nuevas reglas de juego.
Madre de dos hijos, casada con un colega italiano y con triple nacionalidad, la historia de Tenreyro también carga con las marcas de la historia argentina: su abuelo, Juan Eduardo Tenreyro, fue secuestrado y desaparecido el 24 de marzo de 1976. Además de los desafíos macroeconómicos, la economista asume con la conciencia de ser un faro en un rubro históricamente masculino. Según sus propias palabras, la escasez de mujeres en puestos clave genera un círculo poco virtuoso que aleja a las jóvenes de la carrera. Ahora, al lado de Georgieva, tendrá la oportunidad de liderar con el ejemplo desde la cumbre del pensamiento económico mundial.
Comentarios
Aún no hay comentarios. ¡Sé el primero en opinar!