Ante una militancia expectante y acompañado por las principales figuras de su espacio, Macri dejó en claro cuál es el rol fundamental que debe ocupar su partido en el actual escenario: actuar como el guardián crítico y el garante institucional de un cambio profundo que, según sus palabras, no puede permitirse volver atrás.

El exmandatario comenzó su alocución desestimando los ruidos mediáticos y los comentarios ajenos a la gestión pública para enfocarse de lleno en el debate de ideas. Desde el inicio, buscó marcar una frontera nítida respecto al modelo político opositor y no ahorró munición gruesa contra la gestión del peronismo en la provincia de Buenos Aires.

Uno de los momentos más álgidos y aplaudidos de la jornada ocurrió cuando Macri apuntó directamente contra el gobernador bonaerense, Axel Kicillof. Al evaluar el panorama político de la provincia más grande del país, el líder del PRO fue categórico:

"Lo que claramente no nos genera futuro es tener gobernadores como Kicillof. Eso no nos genera futuro. La verdad que me da mucha lástima por el peronismo porque si ese es su candidato estrella, seguramente pierdan. Y si se llega a ganar, van a volver a perder porque nunca más los van a votar,  definitivamente."

Con esta frase, Macri no solo minimizó las aspiraciones presidenciales del mandatario provincial, sino que instó al justicialismo a "conseguir un candidato mejor por el bien de todos". Para el expresidente, el conurbano y la provincia de Buenos Aires representan el territorio clave donde se define el destino de la nación, concluyendo más tarde que "no hay futuro del país sin futuro de la provincia de Buenos Aires".

Entrando en el terreno de la identidad partidaria, Macri reivindicó el apoyo que el PRO le brindó a la actual gestión nacional "antes de que fueran gobierno" y en los momentos de mayor debilidad parlamentaria. Sin embargo, marcó una distancia conceptual indispensable sobre cómo debe ejercerse ese acompañamiento, rechazando de plano la obsecuencia o lo que denominó la "estafa de lo políticamente correcto".

En el fragmento institucional más potente de su discurso, advirtió sobre los peligros del silencio frente a los errores de gestión:

"La crítica honesta no es la que perjudica al cambio. Es el silencio, y si el PRO calla, lo que logramos es que el populismo avance un paso. Porque el populismo nunca vuelve solo. Regresa, dijo Macri, únicamente cuando hay un error interno, que se quiere tapar. Y cuando se esconde un error, lo que pasa es que hay un argentino que se desilusiona."

Para el dirigente, la misión del PRO es "cuidar el cambio, completarlo y señalar lo que no funciona o no alcanza", trabajando como un reaseguro para evitar que el electorado pierda la esperanza y abra la puerta al retorno de las políticas que considera destructivas.

Además de los ejes políticos y la confrontación con el kirchnerismo, Macri aprovechó la oportunidad para resaltar la importancia fundamental de la independencia judicial y la solidez institucional como los únicos imanes capaces de atraer inversiones genuinas. Afirmó que los verdaderos garantes de la confianza no son los políticos ni los empresarios, sino los jueces probos que velan por el cumplimiento de las leyes.

En sintonía con esta búsqueda de estabilidad a largo plazo, el expresidente introdujo una fuerte propuesta político-económica dirigida al Poder Legislativo con respecto a la autoridad monetaria:

"Santiago Bausili, un hombre del riñón de este espacio, que está ejerciendo la función del Banco Central. Debería ser éste un buen momento para que se eleve su pliego al Senado, que lo apruebe y le dé permanencia."

Con este planteo, desafió a las distintas fuerzas políticas a comprometerse formalmente con la estabilidad macroeconómica y a sostener los mandatos institucionales más allá de los recambios presidenciales, para evitar "volver a embarcarse en una inflación que nos funde a todos".

Hacia el final, Macri apeló a la memoria colectiva de su auditorio recordando la gestión de 2015 a 2019, la cual calificó como víctima de un "ejército de demolición" que destruyó los avances logrados. Concluyó con un llamado urgente a la militancia a salir a trabajar de manera irreversible por las ideas de la libertad, el equilibrio fiscal y la desregulación, asegurando una "lealtad absoluta" a esos valores para que la Argentina nunca más abandone el rumbo.