Entre herencias caídas del cielo y números que no cierran, el jefe de Gabinete estira el misterio de sus cuentas al límite, la gran apuesta de la Casa Rosada ya no es un secreto: soltar el Excel en pleno Mundial y rezar para que la Scaloneta tape el escándalo.
Hace exactamente un mes, el presidente Javier Milei salió al aire por televisión y aseguró que Manuel Adorni ya tenía su declaración jurada lista. Dijo que era cuestión de días, que los números estaban perfectos y que las críticas eran puras mentiras de la oposición. Sin embargo, pasó el tiempo y el famoso documento sigue guardado bajo siete llaves. En los pasillos de la Casa Rosada, la paciencia se empieza a agotar y los chistes sobre los contadores de Adorni, que deben estar borrando y volviendo a escribir para que todo encaje, ya son moneda corriente.
Para entender el lío: la ley obliga a los funcionarios públicos a mostrar sus bienes para evitar la corrupción. Pero Adorni viene esquivando el trámite y el problema ya no es solo ético, sino político. Varios ministros del Gobierno tienen listos sus propios papeles, pero no los presentan para no dejar en evidencia a su jefe. El mensaje interno es que nadie se mueve hasta que el jefe de Gabinete blanquee sus números. Mientras tanto, la presión de figuras como Patricia Bullrich, que ya presentó lo suyo y le exige apurar el trámite, genera un clima de tensión interna difícil de disimular.
¿Por qué tanta demora? El verdadero dolor de cabeza son los gastos difíciles de explicar. En el último tiempo, Adorni quedó bajo la lupa por viajes muy costosos. El más polémico fue un vuelo familiar en jet privado a Punta del Este durante el carnaval, facturado a nombre de una productora de la TV Pública que está bajo su órbita. También se investiga el viaje de su esposa a Nueva York en el avión oficial. Como la Justicia lo investiga por presuntas dádivas, armar la declaración jurada no es un trámite más: cada centavo declarado tiene que estar perfectamente justificado para evitar una imputación por enriquecimiento ilícito.
Por eso, en las oficinas de Balcarce 50 corre el rumor de que el "dibujo" contable es complejo. Se habla de que intentaron justificar su salto patrimonial con criptomonedas, pero la tecnología no miente y los números no cerraban por ningún lado. Ahora, la estrategia se volcó a lo clásico: buscar herencias imprevistas de su padre o de su abuela, o supuestos préstamos de terceros. "Capaz aparecen más jubiladas prestamistas", bromean por lo bajo en el propio oficialismo, recordando excusas del pasado de otros políticos.
Ante este panorama, el Gobierno tiene un plan muy claro: usar el Mundial de fútbol como una pantalla de humo. El torneo arranca este jueves y la estrategia oficialista es estirar la presentación hasta esos días de euforia colectiva. La idea es publicar la declaración jurada cuando todo el país esté distraído gritando los goles de la Selección, esperando que la opinión pública mire para otro lado y el tema pase desapercibido.
Adorni prometió que los papeles ingresarán antes del lunes 15. Aunque el límite legal es a fin de julio, seguir demorando la entrega sería un suicidio político. Al final, la transparencia que tanto prometía el Gobierno terminó dependiendo del fixture de la FIFA y del ingenio de un grupo de contadores sin dormir que buscan la herencia mágica que salve al jefe de Gabinete.
Comentarios
Aún no hay comentarios. ¡Sé el primero en opinar!