Parece que falta un siglo para las elecciones presidenciales de 2027, pero ya sabemos cómo es la política argentina: el reloj siempre corre a otra velocidad. El PRO empezó a mover sus fichas en el tablero y la primera jugada fuerte viene, de manera casi sorpresiva, de la mano de un economista. Hernán Lacunza, exministro de Hacienda, decidió salir de su histórica zona de confort técnico para anotarse de lleno en la carrera grande. Y ojo, porque este salto no lo da a las apuradas ni tampoco en soledad.
Todo se cocinó durante una charla muy íntima en el departamento de Palermo de Mauricio Macri. El expresidente, que indiscutiblemente sigue siendo el gran estratega y alma máter del espacio, escuchó el plan con atención y le dio luz verde con un mensaje cortito pero contundente: “Avanzá”. Mauricio está totalmente decidido. Entiende que el partido alcanzó la madurez necesaria para ofrecerle a la sociedad una alternativa electoral propia, robusta y muy competitiva de cara al próximo turno presidencial.
Es que, si analizamos los últimos tiempos, el PRO en realidad nunca se fue a ningún lado. Quizás optó inteligentemente por un perfil con un poco menos de protagonismo mediático, pero su rol fue absolutamente esencial para la gobernabilidad del país. Se convirtió en ese músculo político y legislativo indispensable que le garantizó al actual gobierno las mayorías necesarias en el Congreso para poder avanzar con sus leyes. El PRO fue el garante silencioso de la gestión. Ahora, con esa etapa consolidada, el objetivo es volver a liderar la boleta.
Para lograrlo, la oferta de nombres es amplia y de muchísimo peso. Mientras Lacunza arma sus valijas y equipos técnicos para salir a recorrer cada rincón del interior del país, Jorge Macri pisa cada vez más fuerte en la Ciudad de Buenos Aires. El jefe de Gobierno porteño se consolidó como una pieza clave en el esquema, marcando la cancha con pura gestión y mostrando una enorme firmeza en temas tan sensibles como el orden en las calles y la seguridad. Hoy, su figura resalta como un pilar indiscutido de cara a lo que viene.
En este fascinante ajedrez amarillo también juegan otras figuras determinantes. María Eugenia Vidal opera como una voz de consulta permanente para darle volumen a la nueva propuesta, mientras que Cristian Ritondo y los tres gobernadores del espacio mantienen aceitado ese puente vital de diálogo institucional.
En lo económico, la visión de Lacunza es clarísima: valora la macroeconomía ordenada, pero advierte que falta encender el motor del empleo. ¿Su receta? Terminar de una vez por todas con el cepo cambiario para atraer inversiones reales, bajar impuestos para ganar competitividad y reactivar la obra pública comunitaria sin tocar jamás el sagrado equilibrio fiscal.
La propuesta de este PRO pasa por los números, claro, pero sobre todo por las formas. Entienden que gobernar un país federal exige sentarse a la mesa con las provincias y construir consensos genuinos, no manejarse a los latigazos. Con la tranquilidad del deber cumplido en el plano legislativo, el macrismo siente que el país merece un salto de calidad y ya calienta motores para dar la gran pelea.
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