Hay autos que transportan personas y otros, muy pocos, que viajan directo al corazón de un pueblo. Para la Argentina, el Citroën 2 CV jamás fue un simple medio de transporte; fue el primer gran sueño alcanzable, la libertad sobre ruedas de la clase trabajadora y el compañero inseparable de las calles de barrio. Por eso, el anuncio de su regreso no es una simple novedad de la industria automotriz. Es una caricia al recuerdo, un viaje instantáneo hacia aquella época donde la vida parecía girar a otro ritmo.

Presentado en el Salón del Automóvil de París 2026 bajo la forma de un concepto 100% eléctrico, este prototipo anticipa un modelo de producción que llegará a las calles en 2028. La propuesta busca mantener intacta la esencia que lo volvió inmortal: sencillez, bajo costo de mantenimiento y un precio accesible.

Para los argentinos, el 2 CV —bautizado cariñosamente como “La Rana”— es historia pura y viva. Llegó importado a mediados de la década de 1950 y comenzó a fabricarse en el país en 1960. Durante casi dos décadas de producción nacional, hasta 1979, se fabricaron más de 170.000 unidades entre el clásico 2 CV y el recordado 3 CV, una denominación nacida y acunada exclusivamente en nuestro suelo. En total, representó más de tres cuartas partes de todos los vehículos que la marca Citroen produjo en Argentina.

Ver a "La Rana" por nuestras calles era cotidiano y reconfortante. Con su andar cansino pero inagotable, su techo de lona enrollable que dejaba entrar el sol primaveral y ese sonido tan particular de su motor bicilíndrico, se convirtió en el fiel compañero del obrero, del profesional que recién arrancaba y de la familia que salía a la ruta los fines de semana. Tan arraigado quedó en el imaginario cultural que el propio Quino le reservó un lugar de honor: era el auto familiar de Mafalda, ese auto humilde que el padre cuidaba con devoción y que resumía, con calidez y humor, las aspiraciones cotidianas de la clase media argentina.

El último 2 CV del mundo salió de una fábrica en Portugal allá por julio de 1990, cerrando un ciclo dorado de más de cinco millones de unidades vendidas a nivel global. Parecía el adiós definitivo a una forma de entender la movilidad. Sin embargo, las leyendas verdaderas nunca desaparecen del todo; solo esperan el momento justo para renacer.

Hoy, la reencarnación del mito promete mantener vivos los guiños del pasado: las curvas inconfundibles, el diseño pensado para la simplicidad y hasta pequeños homenajes nostálgicos en su interior. Volver a hablar del 2 CV es desempolvar fotos familiares, recordar el olor a tapizado viejo y sentir el viento en la cara a través del techo abierto. Es la vuelta de un amigo querido que nos demuestra que, aunque los tiempos cambien y los motores dejen de rugir para pasar a ser silenciosos, la nostalgia y la pasión popular siguen tan vivas como siempre.