Con casi dos décadas de gestión ininterrumpida al frente del Ejecutivo municipal, el intendente de San Lorenzo, de la provincia de Santa Fe, Leonardo Raimundo repasó los pilares de un proceso de transformación urbana y presupuestaria que transformó estructuralmente a la ciudad cabecera del cordón industrial. Licenciado en Ciencia Política y en Derecho, Raimundo asumió la intendencia en diciembre de 2007. Desde aquel primer mandato, su administración desplegó una ambiciosa agenda de infraestructura orientada a erradicar las deficiencias históricas de la traza urbana. Entre sus principales ejecuciones se destacan la erradicación masiva de calles de tierra mediante planes sostenidos de pavimentación y cordón cuneta, la remodelación integral del centro comercial, la puesta en valor del frente ribereño y el Paseo del Pino, la extensión de las redes de agua potable, cloacas y alumbrado LED en la totalidad de los barrios, junto con el fortalecimiento del sistema de salud local e intervenciones estratégicas de saneamiento urbano. 

En diálogo periodístico, el jefe comunal analizó los ejes del modelo sanlorencino y fijó su postura frente a los principales debates políticos, institucionales y de infraestructura de la región.

“San Lorenzo eligió un camino claro y sostenido en el tiempo: administrar con absoluta seriedad, planificar cada intervención con criterio técnico e institucional, y no resignarse jamás a que la coyuntura económica marque el límite de nuestras posibilidades como comunidad”. 

“Cuando iniciamos este proceso nos encontramos con una ciudad que padecía déficits estructurales severos en materia de servicios básicos. Decidimos volcar cada recurso disponible en obras duraderas, infraestructura real que le cambie la vida al vecino y un esquema financiero equilibrado que garantice autonomía de gestión”.

“Las grandes urbes tienen todo a disposición, pero con frecuencia sufren procesos de deshumanización; por eso nuestro objetivo prioritario es consolidar una ciudad construida a escala humana, un entorno donde los habitantes no pierdan su condición de vecinos ni la proximidad con el Estado local”.

“En la discusión institucional de la provincia, la autonomía municipal debe ser una realidad indiscutible. Es la propia comunidad local la que debe determinar mediante su Carta Orgánica cómo se organiza, cuáles son sus competencias y cuáles son las funciones de su Estado, en lugar de que una norma provincial uniforme condicione el funcionamiento interno de cada municipio”.

“A nivel constitucional, es indispensable terminar de manera definitiva con las distorsiones garantistas que generan la puerta giratoria para los delincuentes, equilibrar la balanza institucional en favor de las víctimas de delitos e incorporar herramientas como 'Ficha Limpia' con rango constitucional para que ningún delincuente pueda integrar listas electorales”.

“El futuro del desarrollo local no depende de la improvisación ni de esquemas cerrados, sino del fortalecimiento continuo de la participación ciudadana para definir qué ciudad queremos ser y consolidar las trasformaciones que proyectan a San Lorenzo hacia las próximas décadas”.