En el implacable universo de la Fórmula 1, un error en la frenada tras un Safety Car en las calles de Bakú se paga caro. A Franco Colapinto se le bloqueó el tren delantero en la primera curva, siguió de largo e impactó contra su compañero Pierre Gasly, provocando una carambola que también terminó dejando fuera de carrera a Lando Norris. Fue un error grave en un reinicio caótico, de esos que la máxima categoría ve con frecuencia cuando los autos ruedan amontonados al límite. Sin embargo, la reacción posterior no fue el análisis de un fallo en pista, sino un linchamiento mediático lleno de crueldad y doble vara.
La dureza de los ataques expuso una memoria increíblemente corta. Sorprende la postura de Lando Norris, quien no dudo en pedir sanciones extremas y despotricar contra el argentino, olvidando de forma muy conveniente cuando él mismo cometió imprudencias similares o chocó a su propio compañero de equipo Piastri el año pasado. Resulta aún más dolorosa la frialdad de Flavio Briatore; quien debería proteger y guiar a una de las promesas de su estructura en un momento crítico, prefirió sembrar dudas y dar vía libre a la ejecución pública. La actitud del dirigente habla mucho más sobre su propia falta de contención humana que sobre el verdadero valor del piloto.
Pierre Gasly no ocultó su bronca tras ver arruinado el trabajo del equipo y también soltó algunas amenazas.
Pero la virulencia colectiva cruzó la línea de la crítica deportiva para transformarse en un ensañamiento despiadado. Afortunadamente, pilotos con la templanza de Max Verstappen y George Russell aportaron algo de cordura al paddock, recordando lo traicioneras que son las curvas de Bakú cuando los frenos están fríos y señalando que hasta los campeones del mundo han cometido desatinos idénticos en situaciones semejantes.
Franco Colapinto pidió disculpas de inmediato, dio la cara y asumió su responsabilidad con absoluta madurez. Se equivocó a más de 300 kilómetros por hora buscando un hueco, pero no cometió ningún delito. Quienes hoy piden su cabeza se van a arrepentir cuando el tiempo ponga las cosas en su lugar, porque el talento de un joven no se destruye por un bloqueo de neumáticos, por más que algunos hayan decidido olvidar que debajo del casco hay un ser humano peleando por sus sueños.
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