El rugido de los motores volverá a escucharse en el Autódromo Oscar y Juan Gálvez. Después de casi tres décadas, el Campeonato Mundial de MotoGP confirmó su regreso al renovado escenario porteño. Será del 9 al 11 de abril, cuando Buenos Aires reciba la cuarta fecha de la temporada y vuelva a ocupar un lugar destacado en el calendario internacional del deporte motor.

El regreso de MotoGP no llega por casualidad. Es el resultado de una transformación que busca recuperar al autódromo como uno de los grandes escenarios deportivos de la Ciudad y, al mismo tiempo, prepararlo para recibir competencias internacionales de mayor envergadura.

La obra, impulsada por el Gobierno porteño, ya supera el 60 por ciento de avance y representa una intervención de gran magnitud sobre un predio que durante años necesitó una renovación profunda. La apuesta va mucho más allá de poner en condiciones una pista: el objetivo es recuperar un espacio emblemático y convertirlo nuevamente en una referencia regional.

La gestión de Jorge Macri y el trabajo del secretario de Deportes, Fabián “Chino” Turnes, apuntan en esa dirección. La llegada de MotoGP se suma, además, al reconocimiento de Buenos Aires como Capital Mundial del Deporte, una distinción que acompaña la estrategia de la Ciudad para fortalecer su infraestructura y atraer grandes eventos internacionales.

Los cambios en el circuito son profundos. El trazado incorpora una nueva configuración y una moderna horquilla, diseñada para adaptarse a los estándares internacionales y pensando también en un objetivo todavía mayor: que el autódromo pueda estar preparado para recibir, en el futuro, a la Fórmula 1.

Ese es, probablemente, el gran sueño que sobrevuela cada etapa de la obra. Volver a ver a la máxima categoría del automovilismo mundial en Buenos Aires sería recuperar una tradición que forma parte de la historia deportiva de la Ciudad y que los fanáticos argentinos todavía recuerdan con enorme entusiasmo.

A la renovación del circuito se suman nuevos boxes y garajes, un túnel a la altura de la curva 1 para mejorar la circulación interna y la conexión con la avenida Roca, además de distintos sectores destinados a mejorar la experiencia del público.

Todo apunta a recuperar el espíritu de un autódromo que supo ser protagonista de grandes jornadas internacionales. Allí se disputaron diez Grandes Premios memorables del motociclismo y también algunas de las carreras más recordadas del automovilismo argentino.

Pero mientras las máquinas vuelven a ocupar el centro de la escena, en los pasillos de la política porteña y entre quienes siguen de cerca el proyecto comenzó a aparecer otra idea. Una propuesta que, de concretarse, podría darle a la transformación un fuerte contenido simbólico.

¿Por qué no ponerle Fangio?

La posibilidad de que el complejo lleve el nombre de Juan Manuel Fangio todavía está en evaluación, pero la sola idea despierta una asociación casi inevitable. Pocos nombres representan tanto al automovilismo argentino como el del quíntuple campeón mundial.

Fangio no solo fue uno de los grandes pilotos de todos los tiempos. También fue una figura que llevó el nombre de la Argentina a los circuitos más importantes del mundo y que quedó para siempre asociado a la historia de la Fórmula 1.

Por eso, un autódromo renovado, preparado para recibir nuevamente a las grandes categorías internacionales y con la mirada puesta en la Fórmula 1, podría encontrar en Fangio un nombre a la altura de esa nueva etapa.

El Oscar y Juan Gálvez forma parte de la memoria porteña y tiene una identidad propia. Pero si la Ciudad pretende recuperar definitivamente su lugar en el calendario internacional del automovilismo, la discusión sobre su nombre también puede convertirse en parte de ese proceso.

MotoGP será el primer gran capítulo de esta nueva etapa. Después vendrá la Fórmula 1, si finalmente se cumplen las condiciones necesarias.

Y entre una carrera y otra, una pregunta empieza a tomar velocidad: si el autódromo vuelve a convertirse en una de las grandes puertas de entrada de Buenos Aires al mundo del automovilismo, ¿por qué no llamarlo Juan Manuel Fangio?