En los pasillos de la Casa Rosada insisten con que la reforma electoral es un hecho y que los votos para suspender, eliminar o convertir en optativas las PASO están al caer. Sin embargo, la realidad que se respira en el Congreso cuenta una historia bastante más enredada. En la Cámara de Diputados, la conducción de Martín Menem confía en que tiene los números abrochados para dictaminar antes del 20 de noviembre, justo al límite del período ordinario. Pero del otro lado del pasillo, en un Senado siempre impredecible, los apoyos siguen jugando a las escondidas y las cuentas sencillamente no cierran.
La urgencia del Gobierno responde a una necesidad estratégica: evitar que la oposición use las primarias como una plataforma para ordenar sus internas, resolver candidaturas dispersas y armar una alternativa fuerte con miras a las presidenciales de 2027. Además, hay un apuro institucional insoslayable. La Cámara Nacional Electoral ya dejó en claro que las reglas de juego no pueden tocarse en años de elecciones, por lo que el tiempo apremia antes de que arranque el calendario formal.
Para que la jugada le salga bien al oficialismo, el papel de los gobernadores es crucial. Alfredo Cornejo, Carlos Sadir, Raúl Jalil y otros caciques provinciales entendieron rápido que sus senadores valen oro. La negociación dejó de ser una charla técnica para transformarse en un mercado donde se habla de obras en rutas, giros de fondos, coparticipación y colectoras. El problema es que varios gobernadores no se fían del todo de las promesas de un Ejecutivo al que tardan en creerle, o piden exigencias casi imposibles de conceder.
En medio de ese tironeo, la figura de Diego Santilli busca tender puentes mientras la interna oficialista cruje sobre la velocidad de las conversaciones. Los Menem apuestan por una postura más dura, mientras que el ala de los Caputo, Santilli y la propia Patricia Bullrich prefieren abrochar acuerdos rápido. Pero detrás del freno que impone la jefa del bloque en la Cámara alta no solo hay dudas legislativas, sino un cálculo puramente político. Sin las PASO, Bullrich perdería un espacio clave para medir fuerzas y quedaría supeditada a las decisiones que se tomen a dedo en la Mesa Política conducida por Karina Milei.
El choque por el capítulo de Discapacidad en el Presupuesto 2027 y las quejas de Bullrich por enterarse de los proyectos cuando ya están cocinados delatan un clima tenso. Mientras el oficialismo descubre que para cambiar las normas primero hay que convencer a quienes manejan las fichas, la discusión se debate entre los tiempos legislativos, la desconfianza provincial y la mirada puesta en quién integrará la fórmula presidencial y Bullrich tiene ganas de ser la vice de Milei y no le vendría mal ir a una PASO dentro de LLA para demostrar su posible caudal de votos.
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