La política argentina no da respiro y esta vez el temblor sacude directamente las entrañas del poder oficialista. El jefe de Gabinete, Manuel Adorni, se encuentra hoy en el ojo de la tormenta, acorralado y con un pie afuera del Gobierno tras admitir que ocultó medio millón de dólares en negro en sus declaraciones juradas previas, una millonada que ahora intenta justificar bajo la pantalla de supuestas ganancias en criptomonedas. La confesión desató un incendio que el presidente Javier Milei intenta apagar con las manos, pero la presión externa, y sobre todo la interna, se volvió insostenible. El arco político huele sangre y la oposición ya afila los dientes en el Congreso para activar una interpelación que podría terminar en una histórica moción de censura. En este tablero de ajedrez, cada partido juega sus fichas con la mira puesta en el 23 de junio.

El golpe más duro y letal llegó desde donde más duele. El PRO de Mauricio Macri, el aliado estratégico indispensable para la gobernabilidad libertaria, decidió soltarle la mano al funcionario con una dureza pocas veces vista. A través de un posteo letal en redes sociales, el macrismo le mandó un misil teledirigido a la Quinta de Olivos con una frase que resonó en todos los despachos: “Presidente: los que estamos apoyando al cambio queremos que usted defienda el cambio y no a Adorni”. La postura del PRO es quirúrgica y responde a una doble necesidad vital. Por un lado, exigen la salida inmediata de un jefe de Gabinete al que consideran al borde del precipicio. Por el otro, y esto es lo central en la estrategia de Macri, el partido se cuida con recelo de quedar pegado o marchar detrás de las banderas del kirchnerismo. No quieren regalarle la foto a la oposición dura. Por eso mismo, aunque dinamitaron la figura de Adorni con comunicados feroces, ya avisaron que no aportarán sus votos en la Cámara de Diputados para activar la moción de censura. Saben que el kirchnerismo difícilmente junte los 129 votos para el quórum y prefieren que el costo político de echarlo o sostenerlo sea pura y exclusivamente de Milei.

Mientras el PRO hace equilibrio entre la exigencia ética y la distancia táctica, la Unión Cívica Radical salió a la yugular sin anestesia. La UCR emitió un durísimo documento institucional donde sentencian que quien le miente al Congreso y a la sociedad no tiene la menor condición moral para conducir el Estado. Para el radicalismo, la incompatibilidad de Adorni con su cargo es absoluta, recordando que el funcionario sostuvo en el recinto que jamás había ocultado nada, para terminar reconociendo todo lo contrario pocas horas después.

En la vereda de enfrente, el peronismo de Unión por la Patria, junto a la Coalición Cívica y la izquierda, avanzan a paso firme con la estrategia del desgaste, confiando en que el escándalo limará las bases del relato anticasta del oficialismo. Saben que, si Adorni no renuncia antes, el Senado se convertirá en un coliseo romano donde la oposición montará un show político inevitable. En el búnker libertario el clima es de puro nerviosismo, Milei resiste por orgullo pero el tiempo corre y el margen de maniobra se achica. Adorni está acorralado, y en los pasillos de la Casa Rosada ya muchos coinciden en que sostenerlo es defender un capricho que cuesta demasiado caro.