El economista ratificó que quiere competir en 2027 con un PRO independiente de La Libertad Avanza y respaldado por Mauricio Macri. Cuestionó la eliminación de las PASO y reclamó una política menos confrontativa. El mensaje de fondo: para el PRO, acompañar a Milei no significa entregarle el partido.
Hernán Lacunza volvió a poner blanco sobre negro y esta vez lo hizo con todas las cartas a la vista. El exministro de Hacienda ratificó que quiere ser candidato a presidente en 2027, pero dejó claro que no está dispuesto a hacerlo dentro de una lista subordinada a La Libertad Avanza. Su condición es concreta: el PRO debe conservar una identidad propia y ofrecer una alternativa independiente.
No es solamente la candidatura de Lacunza. Detrás de su lanzamiento aparece una discusión mucho más profunda dentro del macrismo: hasta dónde acompañar a Javier Milei y dónde empezar a marcar diferencias. El economista asegura que habló con Mauricio Macri y que recibió su respaldo para avanzar. De hecho, ya había explicado que veía al expresidente y a una parte importante del PRO dispuestos a competir contra el oficialismo en 2027.
La definición llega mientras el PRO y el Gobierno mantienen conversaciones para explorar un acuerdo electoral. Esa mesa existe, pero lejos está de haber cerrado la discusión interna. El acercamiento con la Casa Rosada generó inquietud entre los sectores del macrismo que consideran que el partido fue relegado y desdibujado después de haber sido uno de los principales apoyos legislativos y políticos de Milei durante su gestión.
Lacunza funciona, en ese escenario, como una señal política. Y el mensaje hacia Balcarce 50 es difícil de disimular: el PRO puede dialogar con Milei, pero no necesariamente quiere desaparecer detrás de Milei.
“Hay que cambiar la motosierra por una cementera”, resumió Lacunza. La frase condensa su principal diferencia con el Gobierno: después del ajuste, dice, llegó el momento de construir. Y para eso propone otra manera de ejercer el poder, con más acuerdos, diálogo con las provincias, reformas consensuadas y una política menos basada en la confrontación.
La advertencia no quedó solamente en el terreno electoral. Lacunza también apuntó contra uno de los problemas económicos que empieza a golpear con fuerza a los hogares: el endeudamiento. Según estimaciones privadas, 5,3 millones de personas acumulan más de tres meses de atraso en el pago de sus créditos. El economista sostuvo que, si el Estado se limita a esperar, la situación podría tardar hasta cinco años en corregirse.
No planteó que el Estado salga a pagar las deudas. Propuso otra cosa: utilizar herramientas regulatorias para sentar a acreedores y deudores, facilitar refinanciaciones y evaluar mecanismos como préstamos UVA. Para Lacunza, el problema dejó de ser exclusivamente privado cuando millones de personas quedan atrapadas en una situación de mora que puede terminar frenando todavía más el consumo.
En paralelo, volvió a defender las PASO y cuestionó el proyecto oficial para eliminarlas. Su argumento es político: sin primarias, advirtió, la oposición puede fragmentarse entre numerosos candidatos y terminar ofreciendo una competencia más dispersa y menos representativa. La discusión no es menor: la reforma electoral impulsada por el Gobierno puede modificar de manera sustancial el escenario de 2027.
Por eso, la candidatura de Lacunza empieza a adquirir otro significado. No se trata simplemente de sumar un nombre a la carrera presidencial. Es una forma de decir que dentro del PRO todavía existe una corriente que no quiere solo acompañar a Milei , quiere competir.
Y allí aparece la verdadera advertencia.
Lacunza sostiene que “no atreverse a proponer algo mejor por miedo a que gane algo peor” es una debilidad. Traducido al lenguaje político, el mensaje es directo: el PRO no quiere quedar condenado a ser un socio menor del oficialismo por temor a enfrentarlo.
Macri habilitó la candidatura. Lacunza la puso en marcha. Y ahora el PRO tiene que decidir si negocia desde la identidad propia o si acepta convertirse en una pieza más del armado libertario.
La definición, en última instancia, no parece dirigida solamente a la oposición. También mira a la Casa Rosada: el PRO puede sentarse a hablar con Milei, pero no está dispuesto a aceptar que hablar sea lo mismo que rendirse.
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