El tradicional Tedeum del 9 de Julio en la Catedral Metropolitana dejó mucha tela para cortar, más allá de la formalidad religiosa. En un escenario donde el Gobierno nacional necesita consolidar alianzas desesperadamente, el papel del PRO en la Ciudad de Buenos Aires se erige como un factor importantísimo y estratégico. La caminata de Javier Milei desde la Casa Rosada hasta el templo no fue solo un trayecto protocolar; fue el reflejo de una necesidad política de tender puentes con el espacio que lidera Jorge Macri en el territorio porteño, un bastión clave para sostener la gobernabilidad y destrabar las reformas que el oficialismo tanto anhela.
La salida de Milei de la Catedral regaló el momento político y humano más comentado de la jornada. Rompiendo la rigidez del protocolo, el Presidente se desvió para acercarse a saludar afectuosamente al jefe de Gobierno porteño, Jorge Macri, a su esposa María Belén Ludueña y al pequeño Vito, el hijo de la pareja nacido a fines de abril. "Felicitaciones", soltó un Milei visiblemente conmovido. Este gesto de profundo cariño hacia el bebé no fue una simple cortesía. En los pasillos de la política se leyó de inmediato como un símbolo potente, un guiño inequívoco hacia la construcción de un posible acuerdo a largo plazo entre la Libertad Avanza y el PRO de CABA, una alianza que el Ejecutivo nacional necesita aceitar de cara a los desafíos legislativos que se avecinan.
Mientras tanto, dentro del templo, el arzobispo de Buenos Aires, Jorge García Cuerva, no se guardó nada. Con Milei y su gabinete sentados en primera fila, el prelado lanzó una homilía durísima que sacudió el ambiente. Defendió con uñas y dientes la inversión en discapacidad y exigió terminar de una vez por todas con la "mezquindad política". García Cuerva advirtió sobre los peligros de la intolerancia y el desprecio por el que piensa distinto, denunciando con firmeza la crueldad hacia los más débiles y la existencia de "cuevas de corrupción" que enriquecen a unos pocos a costa de hundir a los más postergados. En un giro sorpresivo que buscó tocar la fibra íntima de los presentes, el arzobispo citó a Lionel Messi para ejemplificar el valor del trabajo en equipo, instando a la sociedad y a los dirigentes a imitar la unidad de la Selección para sacar al país adelante.
Toda esta tensión religiosa y porteña se dio apenas horas después de que Milei lograra la foto de la vigilia en la Casa Histórica de Tucumán. Allí, en conmemoración de la Declaración de la Independencia, el mandatario se rodeó de una docena de gobernadores y de la vicepresidenta Victoria Villarruel, con quien mantuvo un cruce lejano. En un discurso transmitido por cadena nacional, Milei reeditó el Pacto de Mayo y agradeció el acompañamiento de los mandatarios provinciales por "estar a la altura de la historia".
Sin embargo, detrás de los agradecimientos se escondió una fuerte presión política. El Presidente sabe que se le vienen votaciones durísimas en el Congreso y necesita que los gobernadores convenzan a sus legisladores para que voten leyes clave como la reforma electoral, que incluye la eliminación de las PASO, los cambios en la ley de Zonas Frías y la modificación de la Carta Orgánica del Banco Central. La negociación está abierta, pero el guiño a CABA demuestra dónde están las prioridades para armar el rompecabezas del poder.
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