La tensión entre el PRO y La Libertad Avanza empieza a crujir por los escándalos de corrupción del Gobierno. En un movimiento que marca una distancia sideral con la Casa Rosada, el partido liderado por Mauricio Macri salió a cruzar con los tapones de punta al jefe de Gabinete, Manuel Adorni. El detonante fue la propia confesión del funcionario en televisión, donde admitió haber omitido intencionalmente 500.000 dólares en su declaración jurada. Para el macrismo, el asunto es liso y llano: mentirle al Congreso y a la sociedad es una falta grave que no tiene justificación posible.

El escándalo escaló rápido porque la contradicción quedó expuesta a la vista de todos. Hacía apenas unas semanas, Adorni juraba ante los diputados que su patrimonio estaba en regla y que jamás había ocultado un solo centavo. Sin embargo, acorralado por la causa judicial por presunto enriquecimiento ilícito que timonea la justicia, el ministro coordinador ensayó una defensa insólita en televisión. Reconoció el ocultamiento, pero argumentó que lo hizo para proteger sus ahorros de "la vieja política". Ese sinceramiento brutal destruyó los puentes con sus aliados tácticos.

Desde el PRO no tardaron en advertir que estas desprolijidades dinamitan la confianza pública en un momento extremadamente delicado. El argumento del partido amarillo es comprensible y pega donde más le duele al relato oficialista: mientras millones de argentinos se rompen la espalda y hacen un sacrificio enorme para sostener el rumbo económico, los funcionarios jerárquicos no pueden manejarse con semejante opacidad. La exigencia de transparencia ya no es solo un reclamo de la oposición dura, sino un límite que el propio Macri decidió trazar para cuidar la esencia del cambio y evitar polémicas banales.

La jugada del PRO no se limitó a un duro texto en las redes sociales. El malestar se trasladó de inmediato al Congreso, donde el jefe del bloque de senadores del partido, Martín Goerling, exigió formalmente la presencia de Adorni para que rinda cuentas de manera urgente. Esta embestida expone además una vieja discordia; Macri nunca digirió la designación de Adorni como jefe de Gabinete tras la salida de Guillermo Francos, y hoy el tiempo parece darle la razón. Mientras el Gobierno se empecina en blindar a su ministro estrella, sus socios principales le avisan que el apoyo no es un cheque en blanco y que la impunidad no forma parte del trato.