La noche porteña en El Central de La Rural insinuaba ser, en los papeles, una simple gala benéfica de fin de año. La Fundación de la Familia Policial convocó a más de 700 personas bajo la impecable conducción de Juana Viale para recaudar fondos, celebrar el décimo aniversario de la Policía de la Ciudad y anunciar la creación de su primer jardín maternal en la zona sur porteña. Sin embargo, detrás del protocolo de las alfombras rojas y los discursos solidarios, el acontecimiento devino rápidamente en algo sensiblemente distinto: un cónclave de altísimo voltaje donde la política institucional y las primeras líneas del Poder Judicial tomaron el control de la escena.
La nómina de comensales sirvió como radiografía del mapa de poder local e interjurisdiccional. En un mismo salón coincidieron figuras de universos que rara vez comparten copa sin fricciones. El jefe de Gobierno, Jorge Macri, lideró la comitiva porteña junto a su gabinete — Gabriel Sánchez Zinny, Horacio Giménez, Gabino Tapia, Gustavo Arengo Piragine y Francisco Quintana—, pero la convocatoria traspasó los límites del oficialismo porteño. Allí convivieron piezas clave del esquema nacional como Gustavo Coria y referentes de diversas tribus partidarias: la libertaria Pilar Ramírez, el larretismo, el macrismo con Fernando de Andreis a la cabeza, la exgobernadora María Eugenia Vidal, el peronista Juan Manuel Olmos, el radical Emiliano Yacobitti, el senador Sergio Uñac y dirigentes como Emilio Monzó, Daniel Angelici y Diego Kravetz.
No obstante, si la presencia política le imprimió densidad a la jornada, fue la concurrencia del ámbito judicial la que terminó por inclinar la balanza hacia un terreno reservado para las grandes definiciones. En las mesas más reservadas se vio circular a magistrados de peso como José Antonio Michilini —a cargo del juicio Hotesur-Los Sauces—, la jueza del Tribunal Superior de Justicia Marcela De Langhe, la presidenta del Consejo de la Magistratura porteño Karina Leguizamón y el camarista Javier Bujan, acompañados por referentes de los Colegios de Abogados y fiscales de relieve. La atmósfera, impregnada de murmuraciones sobre el pulso institucional de la Ciudad y la Nación, transformó la velada en un centro neurálgico de debate y diplomacia subterránea.
En el epicentro absoluto de esa trama se posicionó Genoveva Ferrero. Presidenta de la Fundación y actual administradora del Poder Judicial de la Ciudad, Ferrero dio una muestra contundente de volumen político y capacidad de articulación. Lograr que referentes de vertientes ideológicas tan contrapuestas y funcionarios judiciales de máximo nivel se sienten a la misma mesa —y respondan con cerrado aplauso a su mensaje sobre la necesidad de construir consensos por encima de las grietas— no es un hecho fortuito. Es la constatación de una construcción paciente y transversal.
Con un discurso aplaudido y un dominio escénico indiscutible, la figura de Ferrero no hizo más que reconfirmar su perfil de dirigente versátil, capaz de interlocutar entre el mundo tribunales, los despachos ejecutivos y las terminales legislativas sin perder centralidad. Por su destreza táctica, su red de influencias y el respeto unánime cosechado entre pares de distintos colores políticos, Genoveva Ferrero se consolida como uno de los nombres propios llamados a protagonizar la escena política y judicial de los próximos meses.
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