El calendario de 2027 empieza a dibujar una Argentina electoral partida en pedazos. La mayoría de los gobernadores quiere votar antes de octubre, lejos de la elección presidencial, para que la disputa por sus gobiernos no quede atrapada en la polarización nacional. Y esa decisión, que en principio parece administrativa, tiene una consecuencia política enorme: Milei llegará a la elección presidencial con buena parte del mapa provincial ya definido.
La última ficha la movió Maximiliano Pullaro. Santa Fe tendrá sus PASO el 18 de abril y las generales el 13 de junio, con cierre de listas en febrero. El objetivo es explícito: que la elección se discuta alrededor de la gestión provincial y no quede contaminada por la pelea presidencial.
Pullaro no está solo. Neuquén se encamina a votar muy temprano, con febrero como una alternativa que gana fuerza; Mendoza prepara PASO en junio y generales en septiembre; Entre Ríos también adelantará y Salta prevé votar en mayo. Son cinco casos que muestran distintas motivaciones, pero una misma estrategia: primero asegurar el territorio y después discutir la Nación.
El fenómeno tiene una lógica electoral sencilla. Cuando gobernador y presidente aparecen en la misma boleta, el candidato nacional puede arrastrar votos hacia arriba o hacia abajo. En un escenario polarizado entre Milei y una eventual oposición competitiva, ese efecto puede ser decisivo. Separar las elecciones permite convertir cada elección provincial en un plebiscito sobre la gestión local. Para un gobernador que busca ser reelegido o imponer sucesor, no es un detalle: puede ser la diferencia entre ganar cómodo o quedar atrapado en una ola nacional.
El problema para la Casa Rosada es que la estrategia también fragmenta su propia construcción de 2027. El Gobierno necesita que la elección presidencial sea el gran eje ordenador, pero los gobernadores aliados tienen otro cálculo: pueden respaldar la reelección de Milei y, al mismo tiempo, evitar que La Libertad Avanza compita con toda su fuerza en sus territorios.
Por eso la negociación electoral adquirió un valor extraordinario. La oferta libertaria incluye facilitar las reelecciones provinciales y recuperar las colectoras, de modo que partidos locales puedan sumar candidatos propios a las boletas nacionales que lleven a Milei. Del otro lado, los gobernadores quieren certezas antes de comprometerse.
La reforma electoral es, en realidad, el corazón de toda esta discusión. Milei envió al Congreso un proyecto que elimina las PASO nacionales, con el argumento de reducir costos y devolver las primarias al ámbito interno de los partidos. Pero el tratamiento quedó atrapado entre las negociaciones parlamentarias y los acuerdos con los gobernadores.
Y el reloj corre. La Cámara Nacional Electoral advirtió que una modificación de las reglas durante el proceso electoral sería problemática y reclamó previsibilidad. El mensaje es claro: si las PASO van a desaparecer, el cambio debería resolverse antes de que comience formalmente la carrera electoral.
En ese escenario aparecen cuatro excepciones importantes. Catamarca ya confirmó que votará junto con la Nación, mientras que La Rioja mantiene esa posibilidad. Buenos Aires enfrenta además un obstáculo legal: sus PASO están atadas a las nacionales y Kicillof no tiene margen sencillo para despegarse sin modificar la legislación provincial. La Ciudad de Buenos Aires, por ahora, analiza votar el mismo día que la elección nacional, aunque con su propio sistema de boleta.
El resultado puede ser inédito: durante varios meses de 2027, los argentinos podrían votar gobernador una y otra vez antes de llegar a la elección presidencial del 24 de octubre. Cada resultado funcionará como encuesta en tiempo real sobre la fuerza de Milei, el poder territorial de los gobernadores y la capacidad de la oposición para reconstruirse.
La paradoja es que cuanto más se desdobla el país, más difícil resulta construir una elección nacional verdaderamente federal. La Rosada quiere una boleta que ordene el mapa detrás de Milei. Los gobernadores, en cambio, quieren exactamente lo contrario: primero su provincia, después Milei.
Y esa diferencia de prioridades será, probablemente, una de las grandes batallas políticas de 2027.
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