En la compleja arquitectura política argentina, donde las pasiones suelen nublar la visión estratégica, la voz de Rogelio Frigerio vuelve a erigirse como un faro de pragmatismo y gestión. El gobernador de Entre Ríos, cuya administración provincial es hoy un modelo de equilibrio, gestión y austeridad, ha lanzado una propuesta que resuena con fuerza en los pasillos de la Casa Rosada y en las oficinas de los principales referentes del PRO: confluir en una oferta electoral común para 2027.

No es casual que sea Frigerio quien asuma este rol. Como exministro del Interior durante la gestión de Mauricio Macri, Frigerio demostró ser una pieza clave, caracterizado siempre por su talante conciliador, su capacidad de diálogo con adversarios y una destreza técnica pocas veces igualada. Ese mismo pragmatismo es el que hoy aplica en Entre Ríos, donde ha logrado ordenar las cuentas y proyectar una provincia competitiva, distanciándose del ruido estéril de la grieta.

Al pedir que se dejen de lado los “intereses personales y egos”, Frigerio apela a la responsabilidad histórica de los espacios que enfrentan al kirchnerismo. Su lectura es nítida: ante la necesidad de consolidar el rumbo iniciado por el Gobierno nacional, la fragmentación es un lujo que el sector no puede permitirse.

¿Cómo reaccionarán los protagonistas ante este llamado? El presidente Javier Milei, siempre celoso de la identidad libertaria, podría recibir la propuesta con cautela, ponderando si una alianza le resta pureza ideológica o si, por el contrario, le garantiza la gobernabilidad necesaria para consolidar su ambiciosa agenda de reformas. Milei suele valorar la lealtad y la gestión; si Frigerio logra convencerlo de que el PRO aporta el músculo territorial y la experiencia administrativa que complementan el empuje de LLA, la posibilidad de un frente común podría dejar de ser un deseo para convertirse en una realidad táctica.

Por su parte, Mauricio Macri se encuentra ante una encrucijada. Como mentor del PRO, su respuesta estará condicionada por el equilibrio entre su histórico liderazgo y la necesidad de asegurar que su partido sea un actor fundamental en el futuro del país. Para el expresidente, la propuesta de Frigerio representa una oportunidad de redención política: la posibilidad de ver a sus propias ideas, aquellas que él impulsó en 2015, encarnadas en un proyecto mayor. No obstante, las tensiones naturales por los liderazgos serán el principal escollo a superar.

La apuesta de Frigerio es audaz, pero necesaria. En un país que exige resultados tangibles y previsibilidad, la voz de quien mejor ha sabido combinar el diálogo con la eficiencia se alza como el puente indispensable entre la experiencia del PRO y la transformación libertaria. El 2027 empieza hoy, y el gobernador entrerriano ya puso la primera piedra.