El debate interno dentro del PRO volvió a ganar temperatura de la mano de María Eugenia Vidal. En un escenario donde el mapa político se reconfigura día a día, la exgobernadora bonaerense dejó en claro que la discusión de fondo no pasa por armar listas de candidatos antes de tiempo, sino por decidir qué lugar quiere ocupar el partido en el escenario político actual. 

Para Vidal, la meta debe ser clara: consolidar una segunda fuerza fuerte, competitiva y capaz de dejar al kirchnerismo relegado a un tercer plano.

Esa postura marca una distancia sutil pero contundente respecto a quienes buscan fusionar sin matices al PRO con el gobierno de Javier Milei. Aunque respalda de manera firme el rumbo macroeconómico, el déficit cero, la búsqueda de una inflación a la baja y la estabilidad de las cuentas públicas, Vidal insiste en que el equilibrio fiscal no alcanza por sí solo. Hoy la continuidad del cambio se juega en la calle, en la capacidad real del sistema para aliviar la carga sobre los hombros de las familias trabajadoras.

El panorama, según su lectura, muestra dos velocidades. Mientras polos de desarrollo como Vaca Muerta atraen inversiones y transforman regiones enteras, grandes conglomerados siguen atrapados en la asfixia cotidiana. Jubilados, docentes, médicos y profesionales independientes sienten que los números cierran arriba, pero que a fin de mes la cuenta no da. El desafío no es abandonar la disciplina presupuestaria, sino complementarla con gestión eficiente y medidas que lleguen directo al bolsillo.

Entre las propuestas que puso sobre la mesa destaca la urgencia de bajar impuestos sobre los sectores endeudados. En la actualidad, casi un tercio de las cuotas que paga un vecino por un crédito personal corresponde a cargas tributarias nacionales, provinciales y municipales. Para la dirigente, reducir esa presión no implica romper el orden fiscal, sino devolverle aire al consumo privado. A la par, insiste en que herramientas ya aprobadas, como la Ley Bases y el RIGI, tienen que ponerse en marcha cuanto antes mediante privatizaciones y concesiones que dinamicen la economía.

Lejos de la rosca legislativa que suele concentrarse en discutir las PASO o el calendario electoral de los próximos años, la agenda urgente pasa por otro lado. Cuestiones sensibles como la crisis salarial en la educación pública, la salud mental, el impacto de las apuestas en línea o el uso de pantallas en chicos y adolescentes exigen la atención prioritaria de la dirigencia.

En lo personal, Vidal asegura que no la desvela volver a competir por un cargo público y que solo lo haría si existe un proyecto claro que le dé sentido a esa candidatura. Su advertencia para la política actual es simple: la sociedad no espera ver quién encabeza una boleta, sino quién ofrece respuestas reales para reordenar la vida cotidiana.