Mauricio Macri volvió a hacer lo que mejor sabe hacer cuando siente que su espacio necesita aire: salir a recorrer el país. Lejos de quedarse encerrado en las oficinas porteñas, el expresidente tomó nuevamente la iniciativa y comenzó una serie de movimientos políticos con un objetivo que ya nadie disimula dentro del PRO: reconstruir poder territorial y posicionar al partido como una alternativa competitiva rumbo a 2027.
La agenda de estos días lo encuentra mirando hacia el interior, un territorio que considera clave para la supervivencia y el crecimiento de su fuerza política. Este viernes tiene previsto desembarcar en Paraná para reunirse con el gobernador entrerriano Rogelio Frigerio. Después, ambos viajarán a Santa Fe para encontrarse con Maximiliano Pullaro, en una postal que busca transmitir algo más que una simple reunión institucional. El mensaje es político y apunta a mostrar volumen, presencia y capacidad de articulación.
La cita central de la gira será en el puerto santafesino durante la tarde, aunque el trabajo viene desarrollándose desde hace varios meses. En ese tiempo, Macri mantuvo encuentros públicos y reservados con gobernadores de distintos signos políticos que hoy tienen peso propio en sus provincias. Entre ellos aparecen Leandro Zdero en Chaco, Martín Llaryora en Córdoba, Gustavo Valdés en Corrientes y Alfredo Cornejo en Mendoza.
En el macrismo sostienen que la estrategia apunta a recuperar músculo político después de años en los que el partido quedó atrapado entre el ascenso de Javier Milei y las propias tensiones internas. La intención es demostrar que el PRO sigue teniendo dirigentes, gestión y capacidad de construcción más allá de los vaivenes de la política nacional.
Mientras tanto, en la Ciudad de Buenos Aires, el otro frente de batalla pasa por la gestión. Allí la apuesta es más simple: mostrar resultados concretos. Cerca de Jorge Macri entienden que la mejor manera de fortalecer al partido es exhibiendo una administración eficiente y obras visibles para los vecinos. Gabriel Sánchez Zinny, jefe de Gabinete porteño, no oculta que le gustaría ver al actual jefe de Gobierno compitiendo por la reelección el año próximo. La idea es llegar a esa instancia con un PRO fortalecido y renovado, capaz de defender su histórico bastión electoral.
Cuando surge la pregunta sobre una eventual alianza plena con La Libertad Avanza de cara a 2027, la respuesta dentro del oficialismo porteño es prudente. Reconocen coincidencias ideológicas y una porción compartida del electorado, pero aseguran que hoy la prioridad está puesta en gobernar.
Para respaldar ese argumento exhiben una lista de logros que consideran relevantes: mejoras en la limpieza urbana a partir de mayores controles sobre las empresas recolectoras, inversiones en la red de subtes que no se veían desde hace años y una serie de obras de infraestructura que incluyen intervenciones estratégicas en el sur de la Ciudad y nuevos accesos viales.
Sin embargo, hay un tema que sigue despertando conversaciones incómodas dentro del universo amarillo. Se trata de Patricia Bullrich y de la posibilidad, cada vez más remota, de una reconciliación política con el partido que presidió durante años.
La respuesta que surge en los despachos del PRO es contundente. Consideran que esa etapa quedó atrás y que un eventual regreso sería artificial y difícil de sostener. Nadie parece sorprendido por los movimientos de la actual ministra de Seguridad, a quien describen como una dirigente con autonomía propia y ambiciones que nunca ocultó.
En el macrismo están convencidos de que Bullrich sigue pensando en una candidatura presidencial y observan cada uno de sus movimientos bajo esa lógica. También creen que dentro del esquema de poder construido por Milei no existen demasiados espacios para figuras que puedan disputar liderazgo interno, razón por la cual interpretan que la ministra busca mantener identidad y peso político propio.
Sus recientes incursiones en la Ciudad de Buenos Aires son vistas como señales destinadas a marcar presencia más que como una construcción con posibilidades reales de alterar el tablero. Algunos dirigentes incluso las minimizan y las califican como simples gestos de provocación hacia el PRO. Lo que sí parece haber quedado definitivamente roto es la confianza. En el partido recuerdan que Bullrich negoció su incorporación al gobierno libertario por fuera de la estructura partidaria y consideran que aquella decisión marcó un punto de no retorno. Aunque puedan coincidir ocasionalmente en cuestiones institucionales o legislativas, la relación política quedó profundamente dañada. Por ahora, la conclusión que predomina entre los principales armadores macristas es sencilla: Patricia Bullrich ya forma parte del universo de La Libertad Avanza. Y el divorcio con el PRO, aseguran, está lejos de ser una separación transitoria. Para muchos, es una historia que ya tiene final escrito.
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