La reforma electoral del Gobierno entró en un terreno pantanoso y el reloj no para de correr. Aunque desde Balcarce 50 insisten con que los 37 votos necesarios en el Senado para sepultar las PASO van a aparecer a último momento, las cuentas en la Cámara alta no cierran por ningún lado. De un lado, el jefe de Gabinete, Diego Santilli, asegura que las negociaciones avanzan; del otro, referentes del propio oficialismo como Patricia Bullrich avisan por lo bajo que la cuenta real no llega ni a los 30 apoyos.
En el Congreso se siente el clima de desconfianza. Senadores aliados reclaman con ironía que el Ejecutivo "traiga la lista" con nombres y apellidos antes de cantar victoria. Es que el escenario se volvió demasiado finito: los gobernadores radicales no garantizan el comportamiento de sus legisladores en el recinto, mientras que en el peronismo primó el pragmatismo. A pesar de que la mayoría de los caudillos provinciales del PJ casi no usa las primarias en sus distritos, el espacio prefirió abroquelarse para no cederle ni un solo centímetro a la Casa Rosada. Con un bloque de 25 bancas la oposición dejó casi sin margen de maniobra al oficialismo.
Para colmo el texto enviado por el Ejecutivo abarcaba demasiado terreno y terminó generando rechazo en los sectores más dialoguistas. No se trataba únicamente de decidir si se votaba o no en las primarias; el paquete incluyó cambios profundos en el financiamiento partidario, barreras más altas para los espacios chicos, la incorporación de Ficha Limpia y la eliminación de la obligatoriedad del debate presidencial. Estos últimos puntos terminaron encendiendo las alarmas de los aliados, que piden tratar temas como Ficha Limpia por separado en lugar de firmar un cheque en blanco.
Con las comisiones paralizadas y el consenso lejos de concretarse, en los pasillos oficiales ya admiten que el tratamiento va camino a postergarse. La idea de definir la suerte de las primarias en sesiones extraordinarias a principios del año 2027 asoma como la única carta en pie. Sin embargo, cambiar las reglas del juego al borde del calendario electoral suma una incertidumbre política que nadie sabe bien cómo va a impactar.
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