La inflación dio en agosto una señal positiva: fue del 1,7%, bajó cuatro décimas respecto de julio y marcó el registro mensual más bajo de los últimos 14 meses. En lo que va de 2026, los precios acumulan un aumento del 21,3%, mientras que la variación interanual quedó en 33,5%.
El dato confirma que la dinámica inflacionaria continúa perdiendo velocidad. Pero detrás de esa buena noticia aparece otra realidad bastante menos alentadora: la economía real sigue mostrando señales de enfriamiento y algunos de sus sectores más importantes profundizan la caída.
La industria manufacturera es el ejemplo más contundente. En julio se desplomó 5% respecto de junio y retrocedió 4,9% frente al mismo mes del año pasado. En los primeros siete meses de 2026 acumula una baja del 2,6%. La construcción tampoco consigue despegar: cayó 4,6% mensual y 4,5% interanual.
El contraste resulta difícil de ignorar. Mientras el índice de precios pierde velocidad, las fábricas producen menos y las obras se frenan. No se trata de dos fenómenos completamente desconectados.
La estrategia económica oficial se apoyó en un fuerte ordenamiento fiscal y una política monetaria restrictiva, con el objetivo de reducir la cantidad de pesos disponible y contener la demanda. Cuando hay menos dinero circulando y el crédito se vuelve más caro, también disminuye la capacidad de consumo de hogares y empresas. Para los comercios, eso significa menos margen para remarcar; para las industrias, menos ventas y menos incentivos para producir.
El resultado puede verse en los números. La desinflación avanza, pero lo hace acompañada por una actividad que todavía no encuentra un ritmo sostenido de recuperación. La construcción, además, enfrenta el freno de la obra pública y un crédito que continúa siendo difícil de afrontar para buena parte del sector privado.
En agosto, algunas categorías volvieron a mostrar aumentos importantes: vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles subieron 2,8%, mientras educación avanzó 2,5%. En cambio, prendas de vestir y calzado bajaron 0,6% y recreación y cultura no registró variación.
La pregunta que empieza a pesar es cuánto puede durar esta combinación. Bajar la inflación era necesario para estabilizar la economía. Pero el desafío ahora es evitar que el éxito contra los precios termine consolidando una economía demasiado fría. Porque una inflación más baja es una buena noticia; una economía que deja de producir, invertir y vender durante demasiado tiempo, no.
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