En Formosa lanzaron un videojuego arcade donde el Gobernador Supremo enfrenta demonios libertarios para mantener su feudo invicto. Mientras tanto, en la otra orilla del Plata, nuestros hermanos orientales decidieron que Gardel nació en Uruguay, cantó cumbia villera y el chivito era su comida predilecta. Dos muestras gratis de que en la región la ficción quedó completamente desocupada.

Bienvenidos al maravilloso circo rioplatense, ese lugar donde la lógica fue deportada en 1945 y jamás pidió repatriación. Esta semana, la realidad superó a la comedia de un plumazo por partida doble: por un lado, la provincia de Formosa le regaló al patrimonio de la humanidad Gildus, el videojuego oficial del Gobernador Inmortal; por el otro, Uruguay volvió a apretar la tecla de refrescar en su mito favorito asegurando, con partida de nacimiento trucha en mano, que Carlos Gardel nació en Tacuarembó.

Si uno junta ambos acontecimientos, se da cuenta de que vivimos en una simulación programada por un guionista borracho. Empecemos por la proeza tecnológica norteña. Formosa, una provincia conocida internacionalmente por sus avances en física cuántica y por tener más empleados públicos que habitantes reales, acaba de entrar a la era del entretenimiento digital. El juego se llama Gildus, un homenaje al gobernador Gildo Insfrán, quien lleva tres décadas seguidas aferrado al sillón con el entusiasmo de una garrapata en mayo.

La trama del videojuego es de una sutileza digna de Shakespeare. Gildus, nuestro héroe con bigote de grafito y poder Ejecutivo perpetuo, debe avanzar por un mapa pixelado defendiendo su feudo sagrado. ¿Sus enemigos? Una horda salvaje de motociclistas libertarios, ratas inflacionarias y, por supuesto, el temible Gran León de la Motosierra. Para ganarle al León y completar la partida, Gildus debe esquivar la copropiedad federal, lanzar decretos relámpago y recolectar votos flotantes.

Y acá viene la innovación tecnológica del gaming nacional: el sistema de votación del juego. Fiel a la tradición institucional de la provincia, para pasar de nivel Gildus no necesita recolectar monedas ni vidas extra. Necesita recolectar urnas. ¡Pero atención! En el juego, como en la vida real, no solo votan los formoseños que viven allí. El algoritmo permite votar a ciudadanos formoseños, vecinos paraguayos que cruzaron en canoa diez minutos antes, brasileños despistados que iban para Camboriú, tres turistas senegaleses que estaban de paso y, en el nivel Dios, una nutrida delegación de fantasmas y difuntos matriculados en el padrón desde 1978. Si el fantasma vota bien, Gildus suma un poder especial: "Reelección Indefinida", que paraliza el tiempo por cuatro años más.

Para ganar el juego, Gildus debe derrotar al León en el combate final tirándole planes sociales con la barra espaciadora y bloqueando las transferencias del Tesoro con el botón derecho. Si lográs que un jubilado de la época de la Revolución de Mayo vote dos veces en la misma mesa, desbloqueás el trofeo "Feudo de Platino".

Pero mientras Gildus junta urnas de ultratumba en el Norte, al Sur de la banda oriental el delirio no se queda atrás. Uruguay insiste en su deporte nacional: adueñarse de Carlos Gardel. Esta semana declararon legalmente el 11 de diciembre como el "Día del Natalicio de Gardel" en Tacuarembó. Sí, señores. Según la Cancillería charrúa, el Zorzal Criollo no era francés, ni llegó a Buenos Aires a los dos años con su madre Berta, ni se formó en los abastos porteños. No. El tipo era un muchacho de Tacuarembó que, aparentemente, reprobó Geografía en la primaria porque nunca supo ubicar su propio pueblo en el mapa.

Según los historiadores orientales, Gardel dejó pistas ineludibles de su uruguayez en su repertorio musical. Al parecer, en las maquetas originales de sus tangos figuraban títulos esclarecedores que la historiografía argentina prefirió ocultar por pura envidia: “Mi Tacuarembó querido”, el himno nostálgico “Montevideo, la reina del Plata”, la desgarradora confesión alcohólica “Esta noche me emborracho en San José”, y la célebre milonga “La última copa, en Rocha”.

Si seguimos esta lógica revisionista, en cualquier momento nos enteramos de que “Mi Buenos Aires querido” era en realidad una maqueta dedicada a la curva de la Ruta 9 y que “El día que me quieras” fue escrita pensando en una chivitería de Punta del Este. De hecho, rumorean en los pasillos de Montevideo que en la secuela de Gildus, el mismísimo Gardel uruguayo aparecerá como el "Boss" secreto del nivel 5, cantando “Volver (a Tacuarembó)” mientras presenta su pasaporte orientador firmado por la intendencia local.

La combinación de ambos fenómenos es maravillosa. Vivimos en una región fascinante donde un Gobernador dura más en el cargo que el Imperio Romano gracias al voto popular transfronterizo e interdimensional, mientras que al lado, un país entero decide reescribir la biografía del tipo más famoso del siglo XX basándose en la fe y la imaginación.

Quizás la solución sea fusionar ambos eventos. Propongo formalmente la secuela: Gildus II: El Fantasma de Tacuarembó. En esta versión, el Gobernador Supremo debe viajar en bote por el río Uruguay para fiscalizar la mesa electoral de los uruguayos que votan a Gardel como candidato a vicegobernador de Formosa. Si metés a un tanguero oriental fallecido en 1935 en el padrón electoral de Clorinda, ganás el juego automáticamente y te dan una medalla de la UNESCO.

En fin. Que los libertarios vengan con la motosierra, que los uruguayos sigan festejando cumpleaños ajenos y que los muertos formoseños sigan cumpliendo con su deber cívico cada cuatro años. Al final del día, en este gran arcade sudamericano, lo único seguro es que fichas nos van a seguir sacando a todos.