El Gobierno de Javier Milei ha ingresado en una etapa de pragmatismo forzado. Tras meses de quedar atrapado en la trama judicial y política que terminó con la salida de Manuel Adorni, la Casa Rosada busca cerrar las heridas del "fuego amigo" y la erosión de su narrativa anticasta. El objetivo ahora es cristalino: estabilizar el tablero político para que el último tramo de la gestión sea eficiente y no una agonía de sobrevivencia.
Para lograrlo, la orden de arriba es clara: reconstruir los puentes con los gobernadores para ordenar la gestión territorial, pero, por encima de todo, formalizar un pacto de acero con Mauricio Macri. La relación con el fundador del PRO, durante mucho tiempo zigzagueante, necesita ahora un contrato de paz duradera. En el entorno presidencial admiten que el "clima" cambió y que, sin el apoyo parlamentario y territorial de los amarillos, cualquier ambición de profundidad en las reformas se vuelve cuesta arriba.
En este tablero, Jorge Macri, jefe de Gobierno porteño, se ha convertido en la pieza de articulación necesaria. Hace tiempo que el primo del expresidente viene acercando posiciones con el Gobierno central, con el horizonte puesto en su propia reelección. En la mesa de negociaciones, la oferta libertaria es tentadora: La Libertad Avanza se comprometería a no presentar candidatos propios en la Ciudad, despejándole el camino al alcalde para asegurar su continuidad.
Sin embargo, el apretón de manos no depende exclusivamente de Jorge. Los ojos de Milei están puestos en Mauricio. En Balcarce 50 ya no buscan solo una foto de circunstancia; pretenden que el expresidente ponga sus condiciones sobre la mesa. Y se sabe que el líder del PRO no juega a las escondidas: su condición sine qua non es el respeto irrestricto a los acuerdos sellados con el Presidente. Para Macri, la consigna es pragmática y directa: menos "milanesas" comunicacionales y más cumplimiento efectivo de los compromisos.
En el fondo, todo este esquema tiene una finalidad táctica que obsesiona al Ejecutivo: la reforma electoral. Milei necesita que el paquete de cambios en el sistema de votación —su gran proyecto político para blindar el futuro— avance sin sobresaltos por el Congreso. Macri, que ve con buenos ojos gran parte de esa modernización, aparece como el garante necesario para que el oficialismo no vuelva a chocar contra la pared de la minoría legislativa.
El tiempo de las tensiones estériles parece haber concluido. Si el Gobierno logra convencer a Macri de que el cumplimiento de los acuerdos será una norma y no una excepción, el pacto estará sellado. La paz con el PRO es el puente que Milei necesita para dejar atrás los años de sospechas y validar, en las urnas y en el recinto, que su proyecto tiene la espalda suficiente para persistir en el tiempo.
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