La jugada de Osvaldo Jaldo en Tucumán encendió la mecha de un conflicto que amenaza con desarmar el mapa político libertario.
La política argentina es un tablero de ajedrez que jamás descansa y, de cara al próximo año electoral, Javier Milei tiene un dolor de cabeza enorme. Desde la Casa Rosada la orden es clara: quieren borrar del mapa las PASO. Para el círculo de confianza del Gobierno, estas elecciones primarias son un gasto de plata sin ningún tipo de sentido y, sobre todo, un desgaste político evitable.
Pero claro, del dicho al hecho hay un trecho gigantesco, y la realidad legislativa es otra. La Libertad Avanza no logra juntar los porotos. Les cuesta muchísimo alcanzar los 37 votos en el Senado y los 129 en la Cámara de Diputados. Como el PRO, los radicales y la gran mayoría de los bloques provinciales se resisten a eliminar las primarias definitivamente, el oficialismo ya puso sobre la mesa un plan B: suspenderlas solo para las elecciones de 2027.
Las negociaciones son un verdadero trabajo de hormiga. Diego Santilli, moviéndose en el rol de jefe de Gabinete, tantea a los gobernadores más dialoguistas buscando ese respaldo vital. Leandro Zdero en Chaco, Alfredo Cornejo en Mendoza y Juan Pablo Valdés en Corrientes escuchan con atención, pero nadie está dispuesto a firmar un cheque en blanco. Básicamente, piden más recursos para sus provincias antes de levantar la mano en el Congreso. Por su lado, Patricia Bullrich transpira la camiseta en el Senado intentando pescar votos sueltos uno a uno, mientras que Rogelio Frigerio (Entre Ríos) y Raúl Jalil (Catamarca) son de los pocos que ya dijeron abiertamente que las primarias deberían volar.
Sin embargo, acá es donde el panorama se vuelve verdaderamente complejo. Mientras la Casa Rosada pelea por las primarias, se le armó una rebelión inesperada en el interior: la fiebre de los desdoblamientos. Los gobernadores empezaron a cuidar su propio jardín y buscan separar sus comicios de los nacionales para no quedar pegados a la batalla por la presidencia.
El primero en patear el hormiguero fue el tucumano Osvaldo Jaldo. Ya lo hizo oficial y firmó el decreto: Tucumán irá a las urnas el 9 de mayo, con boleta de papel tradicional, ficha limpia y sin PASO. Desde el espacio libertario salieron con los tapones de punta a criticarlo, pero el ejemplo cundió rápido y encendió las alarmas. Rolando Figueroa en Neuquén y Maximiliano Pullaro en Santa Fe, que votaría en junio, ya tienen decidido desdoblar. Jujuy hará exactamente lo mismo, aunque todavía guarda bajo llave la fecha exacta.
Incluso los aliados más cercanos al Gobierno se abren de la estrategia unificada. El mendocino Cornejo se escuda astutamente en su Código Electoral para justificar que Mendoza votará a mediados de 2027. Mientras tanto, en distritos como Córdoba y Misiones, Martín Llaryora y Hugo Passalacqua juegan al misterio diciendo que todavía falta mucho tiempo para decidir.
¿Y qué pasa con los indecisos? Frigerio en Entre Ríos, Zdero en Chaco y Claudio Poggi en San Luis lo están evaluando. En su entorno creen que desdoblar es la mejor táctica para frenar al peronismo, pero patearon la definición para fines de este año. Jalil en Catamarca duda entre adelantar todo a marzo o ir junto con la Nación en octubre. Hasta Jorge Macri en la Ciudad de Buenos Aires evalúa separar las fechas, siempre dependiendo de cómo terminen las charlas entre el PRO y los libertarios.
Curiosamente, los únicos que miran esta película desde afuera son Santiago del Estero y Corrientes, porque ya eligieron gobernador el año pasado. Como contrapartida, el peronismo en la provincia de Buenos Aires parece ir a contramano: cerca de Axel Kicillof creen que, con el presidente cayendo en las encuestas, lo mejor es no desdoblar y que el mal humor social hunda directamente la boleta nacional. Sin plata no hay votos para bajar las PASO, y sin certidumbres, los caciques provinciales prefieren salvar su ropa antes que hundirse con el barco.
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