En un momento en el que todavía faltan más de doce meses para el inicio formal de la carrera presidencial, el secretario general del PRO, Fernando De Andreis, eligió enviar una señal política contundente: el partido fundado por Mauricio Macri no está dispuesto a resignarse a un papel secundario y ya piensa en 2027 como una fuerza con identidad propia.
La frase fue tan simple como directa. “Nosotros iniciamos el cambio y nosotros somos el partido que lo asegura”. Detrás de esas palabras aparece algo más profundo que una discusión interna. Lo que empieza a asomar es una disputa por el liderazgo del espacio no kirchnerista y por la representación de un electorado que hasta ahora acompañó mayoritariamente al gobierno de Javier Milei.
El mensaje cobra todavía más relevancia porque llegó acompañado de críticas hacia Manuel Adorni, uno de los dirigentes más identificados con la administración libertaria. En el PRO consideran que algunas decisiones de la Casa Rosada confirmaron advertencias que Mauricio Macri venía realizando desde hace tiempo sobre la necesidad de fortalecer la gestión y profesionalizar determinadas áreas del Gobierno.
La pregunta que empieza a circular en los despachos políticos es inevitable: ¿está el PRO preparando una salida ordenada de su alianza estratégica con La Libertad Avanza?
Por ahora nadie habla de ruptura. Sería exagerado afirmarlo. Sin embargo, los movimientos de las últimas semanas muestran que la relación atraviesa su momento más delicado desde la llegada de Milei a la Presidencia. El macrismo siente que aportó gobernabilidad durante dos años y medio, acompañando leyes clave y evitando que el oficialismo quedara aislado en el Congreso. A cambio, muchos dirigentes amarillos creen que no recibieron el reconocimiento político esperado.
En ese contexto aparece otro punto sensible: la posible interpelación de Adorni en Diputados. Si el Gobierno decide sostenerlo sin modificaciones y la oposición logra instalar el debate parlamentario, el PRO quedará frente a una definición incómoda.
Hasta hace poco, la respuesta parecía obvia. El bloque macrista cerraba filas con el oficialismo. Hoy la situación es distinta. Algunos dirigentes consideran que seguir respaldando automáticamente cada decisión de la Casa Rosada podría terminar erosionando la identidad partidaria que intentan reconstruir de cara a las próximas elecciones.
Por eso, dentro del Congreso comienza a ganar fuerza una hipótesis que hace apenas unos meses parecía impensada: que el PRO facilite el debate parlamentario dando quórum o acompañando instancias previas de discusión sin necesariamente alinearse con los sectores más duros de la oposición.
Sería una jugada de equilibrio. El objetivo no sería derribar al Gobierno ni romper definitivamente con Milei, sino marcar autonomía política y demostrar que el respaldo legislativo ya no es un cheque en blanco.
La consecuencia inmediata sería un cambio en la dinámica de la alianza entre el PRO y La Libertad Avanza. Seguirían compartiendo coincidencias en materia económica e institucional, pero dejarían de actuar como un bloque homogéneo. La relación pasaría a estar atravesada por negociaciones caso por caso.
Mirando hacia 2027, el trasfondo es aún más importante. El PRO busca convencer a sus dirigentes, intendentes y votantes de que todavía tiene un proyecto propio. La Libertad Avanza, en cambio, aspira a absorber gran parte de ese espacio político y transformarse en la única referencia del electorado de centroderecha.
Las palabras de De Andreis parecen apuntar justamente a esa batalla. Más que un mensaje para el presente, fueron una advertencia sobre el futuro. El macrismo quiere volver a competir por el poder. Y para hacerlo necesita demostrar que puede acompañar al Gobierno cuando coincide, pero también tomar distancia cuando considera que es necesario.
La discusión por Adorni podría convertirse en la primera gran prueba de esa nueva etapa. Porque detrás de una eventual interpelación no sólo se juega el destino de un funcionario. También empieza a definirse cómo será la relación entre el PRO y La Libertad Avanza en el camino hacia la elección presidencial de 2027.
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