La inflación mayorista volvió a acelerarse en septiembre con un salto del 3,2%, impulsada principalmente por un fuerte aumento en los combustibles y la energía. El resultado del Índice de Precios Internos al por Mayor (IPIM) marcó la segunda suba consecutiva tras el 2,1% registrado en agosto, acumulando un incremento de 22,8% en los primeros nueve meses del año y un 29,2% en la medición interanual.
El factor determinante fue el rubro de petróleo crudo y gas, que trepó un 15% mensual debido a las presiones internacionales vinculadas al conflicto en Medio Oriente. De hecho, esa sola división explicó casi el 45% de todo el aumento del mes. Al sumar la energía eléctrica y los combustibles refinados, la cadena energética terminó aportando más de la mitad de la suba general del indicador.
Aunque el índice minorista mostró un ritmo más moderado en el mismo período (1,9%), este repunte mayorista enciende ciertas señales de alerta. El traslado de precios entre ambos eslabones no suele ser automático ni lineal, en parte porque el IPIM solo contempla bienes mientras que el IPC incluye una amplia canasta de servicios al consumidor final.
Sin embargo, el impacto en la energía y el transporte tiende a derramarse de forma paulatina sobre la economía cotidiana. La gran incógnita de los analistas para los próximos meses pasa por ver cuánto de este encarecimiento en la producción local terminará trasladándose a las góndolas y al bolsillo de la gente.
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