Desde los pasillos del histórico hotel Waldorf Astoria en Nueva York, Mauricio Macri proyecta la figura del dirigente que ha logrado trascender la política doméstica para consolidarse como un referente indiscutido en la arquitectura del deporte internacional. Como titular de la Fundación FIFA y testigo privilegiado de esta Copa del Mundo 2026, su mirada trasciende la coyuntura para enfocarse en lo que realmente importa: la excelencia, la competitividad y la construcción de un legado que trasciende generaciones.

Macri destaca la audaz visión de Gianni Infantino al transformar la competencia global con la expansión a 48 equipos. "La única manera de equilibrar la competencia es ayudando a los peores a competir con los mejores", sostiene con la claridad de quien comprende que el crecimiento solo surge del roce constante con la excelencia. Bajo esta premisa, celebra el nivel de la Selección Argentina, fruto de años de trabajo y una mentalidad ganadora que ha llevado a nuestros jugadores a nutrirse en las ligas más competitivas del planeta.

Para Macri, la Selección actual no es solo un equipo; es la máxima expresión de un grupo humano que ha logrado armonizar liderazgos sanos, donde el mérito se impone por sobre los egos descontrolados. Al hablar de Lionel Messi, sus palabras traslucen admiración por un embajador sin parangón. "Es un excelente ganador y un excelente perdedor", señala, destacando que el astro rosarino ha sabido vencer la finitud de la carrera profesional con una actitud de vida intachable. El expresidente invita a los argentinos a valorar este ciclo histórico, una era dorada que va mucho más allá de un solo Mundial y que ha posicionado a nuestro país en la cima del mundo futbolístico.

En el terreno político, su visión es la de un hombre que, tras haber dedicado décadas a la gestión pública y al éxito de Boca Juniors, hoy elige la libertad como su norte. Observa con optimismo la consolidación de las ideas liberales en la Argentina y mantiene una postura firme ante la gestión de la AFA, sin medias tintas sobre las denuncias que rodean a su dirigencia actual. Su compromiso es con la transparencia y el profesionalismo, valores que defiende en la FIFA, organismo que, bajo su mirada, ha logrado sanear su imagen y priorizar el desarrollo genuino del fútbol sobre cualquier interés personal.

Finalmente, al reflexionar sobre la Argentina y su lugar en el mundo, Macri mantiene la serenidad del estadista. Reconoce que existe una expectativa internacional genuina por nuestro país, una simpatía que aguarda ser correspondida con progreso tangible, infraestructura de calidad y un rumbo claro. Con la experiencia de quien ha gestionado tanto en la complejidad de un club de fútbol como en los desafíos de la Nación, su mensaje es claro: es hora de que la Argentina confirme su camino hacia el desarrollo. Mauricio Macri sigue siendo, hoy más que nunca, una voz que entiende que la grandeza se construye con gestión, visión y, sobre todo, con la libertad de saber elegir los desafíos correctos.