El PRO volvió a tomar distancia de La Libertad Avanza tras la intensa gira de Javier Milei por Madrid, donde las agresiones verbales a periodistas españoles y las descalificaciones hacia Pedro Sánchez tensaron al máximo el clima diplomático y mediático. Mientras el oficialismo abraza el agravio como un sello distintivo de su estrategia comunicacional, el partido fundado por Mauricio Macri decidió poner un freno. Las críticas del PRO no apuntaron solo al fondo ideológico, sino al centro de los modales presidenciales, alertando sobre el peligro de desmantelar el respeto básico que requiere el trabajo periodístico y la convivencia democrática.

La discrepancia de estilos revela dos concepciones irreconciliables de la política. La Libertad Avanza concibe el debate como una batalla cultural sin tregua, donde cualquier cuestionamiento de la prensa o de la oposición se responde con descalificaciones personales y acusaciones estigmatizantes. En la vereda opuesta, el PRO busca preservar las formas republicanas tradicionales: la libertad de expresión como pilar innegociable, la tolerancia institucional frente a las coberturas críticas y el cuidado riguroso de la figura presidencial en el escenario internacional. Para el bloque aliado, cruzar la línea del insulto cotidiano degrada las instituciones y vulnera el rol indispensable del periodismo en una sociedad libre.

Desde la conducción del PRO coinciden en que los embates directos a los cronistas que cubren la gestión presidencial no exhiben coraje político, sino una grave incapacidad para tolerar la fiscalización pública. La dirigencia del espacio amarillo cuestiona en privado y en público que la narrativa oficial necesite construir "enemigos" constantemente entre la prensa para sostener la mística militante. El trasfondo del reclamo es tan simple como de fondo: se pueden impulsar transformaciones de mercado profundas sin convertir la agresión a los medios y a las normas de convivencia en la política de Estado habitual.