La demostración de fuerza ocurrió primero en el Congreso y después volvió a reflejarse dentro del propio PRO. Mientras la oposición intentaba avanzar en Diputados con una nueva ofensiva contra el jefe de Gabinete, Manuel Adorni, los principales aliados del Gobierno decidieron sostener el acuerdo tejido con Martín Menem y evitaron dar quórum. La sesión fracasó por apenas doce legisladores y La Libertad Avanza consiguió una tregua inesperada en medio de uno de los momentos políticos más sensibles para la Casa Rosada.
El bloque macrista tuvo un papel determinante. Junto a sectores de la UCR y representantes de partidos provinciales, optó por no bajar al recinto y frustró el intento opositor de mantener en el centro de la escena las explicaciones patrimoniales de Adorni. El resultado volvió a exhibir una paradoja que atraviesa la política argentina desde la llegada de Javier Milei al poder: aun cuando las tensiones entre el PRO y La Libertad Avanza son cada vez más visibles, el partido fundado por Mauricio Macri continúa siendo un sostén clave para la gobernabilidad del oficialismo.
La señal parlamentaria coincidió además con otro fenómeno que gana volumen dentro del universo amarillo: la expectativa creciente alrededor de una eventual candidatura presidencial de Macri. En el partido repiten que es el expresidente quien tiene la última palabra y que, por ahora, no tomó ninguna decisión sobre su futuro político. Nadie se anima a anticipar sus movimientos. "La lapicera la tiene Mauricio", resumen cerca de la conducción partidaria.
La frase no es casual. Después de meses de recorridas por el interior, reuniones con gobernadores, empresarios y dirigentes territoriales, muchos militantes perciben a Macri más activo y entusiasmado que al comienzo de su gira federal. Algunos incluso aseguran que empezó a mostrar gestos propios de una campaña, aunque aclaran que cualquier definición dependerá exclusivamente de él. Si decide volver a competir por la Presidencia en 2027, sostienen, será él mismo quien anuncie el paso.
Ese escenario explica por qué cada aparición pública del exmandatario es seguida con atención tanto por sus dirigentes como por sus antiguos socios de Juntos por el Cambio. Aunque evita responder de manera directa cuando le preguntan por una candidatura, el protagonismo que recuperó en los últimos meses ya comenzó a alterar los cálculos de buena parte de la oposición.
Macri regresará esta semana al país para encabezar en Mar del Plata una nueva edición de "Próximo Paso", la gira partidaria con la que busca fortalecer la estructura nacional del PRO y reconstruir liderazgos locales. El acto en territorio bonaerense será una nueva estación de un recorrido que ya pasó por varias provincias y que todavía tiene previstas escalas en el noroeste argentino y la Patagonia.
Lo que comenzó como una iniciativa para reorganizar al partido después de la traumática interna presidencial de 2023 fue adquiriendo progresivamente otra dimensión. Cada encuentro partidario alimenta especulaciones sobre el rol que podría asumir Macri en el próximo ciclo electoral.
La incógnita también genera movimientos fuera del PRO. Sectores del radicalismo observan con interés la posibilidad de reconstruir una alternativa de centro que se diferencie tanto del kirchnerismo como de La Libertad Avanza. El gobernador santafesino Maximiliano Pullaro es uno de los dirigentes que más empuja esa idea y ya le transmitió personalmente al expresidente su voluntad de avanzar en una construcción común con proyección nacional.
Sin embargo, las dudas persisten. Algunos referentes radicales sospechan que los guiños electorales de Macri podrían formar parte de una estrategia de negociación con Milei antes que de una decisión definitiva de competir. La disputa por la Ciudad de Buenos Aires, donde el oficialismo busca crecer a costa del macrismo, es uno de los principales focos de conflicto entre ambos espacios.
Esa tensión explica la complejidad de la relación actual. Por un lado, el PRO continúa auxiliando al Gobierno en votaciones decisivas, como volvió a ocurrir esta semana con el caso Adorni. Por otro, busca diferenciarse políticamente para evitar ser absorbido por el universo libertario.
Mientras tanto, Macri sigue recorriendo el país sin confirmar ni descartar nada. Y esa indefinición, lejos de apagar las especulaciones, parece alimentarlas. En una oposición fragmentada y con escasos liderazgos consolidados, cada acto, cada viaje y cada silencio del fundador del PRO empieza a ser interpretado como una señal de algo más grande: la posibilidad de que vuelva a disputar el poder.
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