En el marco de una jornada de reflexión política de alto nivel, organizada por el Círculo de Montevideo y la Universidad Austral, Mauricio Macri se permitió un análisis distendido, aunque filoso, sobre el presente de la gestión libertaria. Compartiendo tribuna con los expresidentes Julio María Sanguinetti y Felipe González, el líder del PRO no esquivó los temas espinosos y, al ser consultado sobre el estilo de conducción de Javier Milei, dejó una definición que recorre el mundo político: "Es un liderazgo emocional; él se ve como un profeta".

La frase, con una gran carga psicológica evidente, no pasó desapercibida. Macri, lejos de buscar un enfrentamiento frontal constante, planteó la cuestión desde su propia perspectiva de quien ya ocupó el sillón de Rivadavia. Si bien reconoció que detrás de las posturas presidenciales existe un estudio profundo de las ideas, subrayó que falta ese entusiasmo necesario para la implementación técnica de las políticas. Con una sonrisa serena y un tono pedagógico, el expresidente lanzó un recordatorio sutil pero tajante sobre la naturaleza del poder: "Siempre al final del día es importante tener un equilibrio".

El clima de la charla, por momentos más cercano a una sobremesa académica que a un acto partidario, contrastó con la tensión que se vive en los pasillos del Congreso. La réplica de Macri no tardó en llegar cuando le recordaron las recientes declaraciones de Martín Menem, quien había osado calificar una posible candidatura suya como "funcional al kirchnerismo". Fiel a su estilo, Macri devolvió la gentileza con ironía: "Preguntale a Cristina si favorecimos al kirchnerismo en estos años". Esa respuesta, breve y directa, busca cerrar cualquier debate sobre su rol como opositor histórico al populismo, un tema que parece ser el combustible que mantiene viva la llama de su ambición política.

La interacción entre el PRO y La Libertad Avanza transita días de desencuentros que ya no se ocultan bajo la alfombra. Desde aquel manifiesto donde los amarillos señalaron la "soberbia y arrogancia" de algunos funcionarios nacionales, hasta las advertencias de Macri en Vicente López sobre los riesgos de callar ante los errores del oficialismo, la distancia se ensancha. Macri, en su rol de veterano en la arena pública, observa con curiosidad la dinámica actual. Al comparar este escenario con su relación con Donald Trump, el exmandatario dejó entrever que los liderazgos, cuando se basan únicamente en la emoción, corren el riesgo de perder el norte en la gestión cotidiana.

Mientras el Gobierno insiste en sus formas y sus batallas contra el pasado, Macri parece estar construyendo su propia narrativa desde la experiencia. Para él, el desafío argentino sigue siendo el mismo: eliminar el populismo para siempre, pero con un método que, según su diagnóstico actual, requiere mucha más templanza que profecías y mucho más pragmatismo que emociones.