En el fútbol, los grandes equipos saben que los campeonatos no se ganan solamente con las figuras consagradas. Detrás de cada plantel exitoso existe un trabajo silencioso, paciente y muchas veces invisible: el de las inferiores. Allí donde se forman los talentos que algún día tomarán la posta. En política ocurre algo parecido. Y Mauricio Macri parece haber decidido que llegó el momento de mostrar el semillero del PRO.
Mientras el expresidente viaja a Estados Unidos para participar de actividades vinculadas a la Fundación FIFA durante el Mundial, dejó una consigna clara a la dirigencia amarilla: empezar a darle visibilidad a una camada de dirigentes menores de 45 años que vienen construyendo poder desde la gestión, los territorios y las legislaturas, lejos de los reflectores pero cada vez más cerca de ocupar el centro de la escena.
La idea no es improvisada. Desde hace meses, Macri observa con atención a un grupo de dirigentes que considera preparados para protagonizar la renovación partidaria de cara al ciclo político que desembocará en 2027. No se trata de outsiders ni de recién llegados. Son cuadros formados dentro del PRO, con experiencia de gestión y recorrido político, que representan una nueva etapa para un partido que busca redefinir su identidad en un escenario profundamente transformado por la irrupción de Javier Milei.
Entre los nombres que más entusiasman al fundador del PRO aparece Esteban Allasino, intendente de Luján de Cuyo. Ingeniero civil, especialista en infraestructura vial y con una fuerte impronta de gestión, fue definido recientemente por Macri como “una joya”. A sus 41 años, encarna el perfil técnico que históricamente sedujo al expresidente.
Otra pieza central es Soledad Martínez. La intendenta de Vicente López se convirtió en una de las dirigentes más influyentes del espacio. Con bajo perfil y construcción constante, pasó de liderar Jóvenes PRO a transformarse en vicepresidenta nacional del partido. Dentro del macrismo la describen como una dirigente de consenso, con capacidad de organización y mirada estratégica.
En la lista también sobresale Martín Yeza, exintendente de Pinamar y actual diputado nacional. Cercano a Macri desde hace años, combina experiencia política con una marcada inclinación por la innovación tecnológica. Inteligencia artificial, modernización del Estado y herramientas digitales forman parte de una agenda que lo diferencia dentro de la dirigencia tradicional.
La nómina incluye además a Genoveva Ferrero, referente en temas de seguridad y administración judicial; Darío “Daro” Nieto, legislador porteño y una de las voces emergentes de la Ciudad; Francisco Quintana, secretario de Justicia porteño; el economista Gustavo Arengo; la diputada Daiana Fernández Molero; y dirigentes territoriales como Agustín Forchieri, Mauricio Colello, Ezequiel Jarvis, Marcelo Matzkin, Juan Ibarguren y Facundo Manzoni.
Cada uno aporta algo distinto. Algunos exhiben experiencia de gestión, otros capacidad de construcción política, especialización técnica o arraigo territorial. Lo que comparten es una característica que el PRO considera indispensable para la etapa que viene: haber crecido dentro del partido y conocer desde adentro su cultura política.
En un momento donde gran parte del debate público gira alrededor de liderazgos personalistas y fenómenos disruptivos, Macri parece apostar por una fórmula diferente. No busca una figura salvadora sino una generación completa. Un equipo.
Como ocurre en los clubes que cuidan sus inferiores, la apuesta no está puesta solamente en el próximo partido. El objetivo es construir el plantel del futuro. Y en el PRO creen que esa nueva camada ya empezó a salir de los vestuarios para entrar a la cancha.
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