Nunca antes habíamos visto algo así entre los dos gigantes de Sudamérica. Lo que empezó como un viaje político más de Javier Milei a Brasil terminó volando por los aires el puente diplomático que une a Buenos Aires con Brasilia. Lula da Silva dijo basta. Hastiado de lo que Itamaraty calificó como "reiteradas agresiones", el gobierno brasileño tomó una decisión drástica: retirar a su embajador en Argentina, Julio Bitelli, y rebajar la relación al nivel de encargado de negocios. Básicamente, el escalón formal más bajo antes de romper todo por completo.

¿Qué fue lo que derramó el vaso? El fin de semana, Milei cruzó la frontera para apoyar a Flavio Bolsonaro en su carrera presidencial. Estando en territorio ajeno, no se guardó nada. Trató a Lula de "ladrón", "presidiario" y "basura socialista" y por si fuera poco, la ligó el juez del Supremo Tribunal Federal, Alexandre de Moraes, a quien el mandatario argentino despachó con un "basura calva". Para el gobierno brasileño, esto no fue solo una falta de tacto; fue una intromisión intolerable en su política interna. Y más tratándose de ataques directos disparados desde su propio suelo.

"Mientras subsista esa situación, Bitelli no vuelve", filtraron desde la cancillería brasileña. Cero margen para la duda.

Del otro lado de la frontera, la respuesta no tardó en llegar, aunque con un tono que no busca poner paños fríos. La Cancillería argentina, al mando de Pablo Quirno, confirmó que el embajador argentino en Brasilia, Daniel Raimondi, tuvo que ir a escuchar la queja formal en persona. A través de un comunicado bastante áspero, Argentina dejó claro que "toma nota" de esta movida, a la que tildó de unilateral. Y devolvieron gentilezas lamentando que la administración de Lula decida "continuar aislándose del resto de la región por cuestiones puramente ideológicas".

En la práctica, quedarse sin embajadores de carrera y pasar a depender de encargados de negocios significa congelar la agenda política y comercial. Es poner en pausa a los socios más fuertes del Mercosur por una guerra de micrófonos que escaló demasiado rápido. Habrá que ver si el tiempo logra enfriar las cabezas o si estamos ante un punto de no retorno.