En una muestra de firmeza y claridad política, Soledad Martínez, intendenta de Vicente López, ha marcado la cancha respecto al presente y futuro del PRO en la provincia de Buenos Aires. Lejos de adoptar una postura contemplativa, la jefa comunal ha puesto el foco en la cruda realidad que enfrentan los intendentes de su espacio: gestionar en un entorno hostil donde la discriminación por parte del gobierno provincial es la regla, no la excepción.

El blanco principal de su crítica fue, sin rodeos, el gobernador Axel Kicillof. Martínez denunció que “mientras los intendentes del PRO trabajan incansablemente, el gobernador no solo brilla por su ausencia, sino que opera activamente como un obstáculo. Antes no hacía, pero ahora ni siquiera está", sentenció, dejando en claro que la desidia de la administración provincial se ha vuelto la marca registrada de su gestión.

La intendenta detalló con crudeza el modus operandi del gobierno bonaerense para frenar el desarrollo de los distritos opositores. Según relató, cuando un intendente busca mejorar la seguridad, el ministro se limita a obstaculizar; cuando se intenta poner en valor un hospital, se lo inhabilita por cuestiones partidarias; y cuando se proyecta una mejora escolar, la presión de la provincia sobre las directoras impide la ejecución de las obras. "Somos víctimas de la pesadilla Kicillof, que es una máquina de trabar nuestras gestiones", afirmó con contundencia. Para Martínez, esta asimetría es intolerable: el desarrollo de los ciudadanos no puede estar supeditado al color político del municipio, pero en la provincia gobernada por el kirchnerismo, esa parece ser la única lógica vigente.

En un claro alineamiento con la estrategia nacional del partido, la intendenta también hizo referencia a la situación en el Congreso nacional respecto al Jefe de Gabinete, Manuel Adorni. En el marco de un discurso donde se respiraba un llamado a la acción, Martínez ratificó que el partido no debe vacilar en sus posturas críticas, incluyendo la exigencia de un cambio de rumbo en el gobierno nacional cuando la situación lo requiere, como ha ocurrido con el caso Adorni. "Creemos en serio que el gobierno tiene que hacer un cambio como con Adorni", sostuvo, enfatizando que para el PRO la coherencia entre el decir y el hacer es innegociable.

Finalmente, el mensaje de Martínez hacia adentro del partido fue un llamado a la responsabilidad histórica. Ante un escenario donde el kirchnerismo, a pesar de sus fracasos, busca perpetuarse, la intendenta instó a no quedarse "llorando" por las dificultades. Exhortó a sus correligionarios a hacerse cargo de la alternativa real que la provincia necesita. "Nuestro país y, particularmente, la provincia de Buenos Aires, necesitan más PRO que nunca", cerró, dejando claro que el camino de la reconstrucción solo es posible mediante la gestión, el trabajo en equipo y, sobre todo, la firmeza para enfrentar a un gobernador que ha dado la espalda a las necesidades básicas de los bonaerenses.