Mientras la Casa Rosada cruje por la tensión alrededor de su jefe de Gabinete, el alcalde porteño no esquivó el tema. En una charla a fondo, admitió que el ruido complica al Gobierno nacional, pero buscó contrastar esa parálisis con el ritmo de la Ciudad, destacando nuevas leyes de consenso y un rol clave del Banco Ciudad.
A ver, las cosas claras. Mientras el Gobierno nacional parece enredado en su propio laberinto por la situación que envuelve a Manuel Adorni, en la Ciudad de Buenos Aires la música suena distinto. Jorge Macri decidió hablar este fin de semana y, con el estilo directo que suele manejar, dejó un par de definiciones que movieron el tablero político. No dio vueltas para señalar el problema en Nación, pero aprovechó la oportunidad para mostrar el avance de su propia gestión, intentando reafirmar por qué el PRO sigue reteniendo el control de la Capital.
“El caso Adorni está complicando al Gobierno”, disparó Macri sin titubear. Para nadie es un secreto que todo el ruido en torno al jefe de Gabinete empantanó la agenda de Javier Milei. Sin embargo, el alcalde tiene rodaje y sabe que hay límites institucionales que es mejor no cruzar. “Yo no le voy a decir al Presidente cómo tiene que armar su equipo”, aclaró al toque, marcando una distancia más que prudente frente a una oposición que ya exige renuncias a los gritos.
Al final del día, la política también es gestionar el propio territorio y hacerse cargo de las decisiones. “Cada gobernador arma su equipo y explica por qué cada funcionario está donde está”, remató, devolviéndole la pelota a la Casa Rosada con bastante elegancia.
A Macri se lo nota enfocado en lo suyo. Su estrategia es evidente: hacer que la parálisis que hoy sufre el oficialismo nacional contraste con la cintura política que el PRO busca mantener en la Ciudad. Y la verdad es que, en una semana difícil para la política en general, el oficialismo porteño logró destrabar leyes que parecían complicadas.
“Es muy difícil imaginar que el Gobierno hoy pueda sacar un paquete de leyes como el que logramos sacar esta semana en la Ciudad en el medio de este tema”, reconoció Macri. Y tiene un punto. El macrismo porteño logró articular acuerdos amplios y aprobó la ley de financiamiento para la futura Línea F del subte con un respaldo casi total: apenas un voto en contra. Una rareza para los tiempos de grieta dura que vivimos.
Pero la agenda no terminó ahí, porque la Ciudad fue a fondo con un tema que saca de quicio a los vecinos: los cuidacoches. Con la nueva ley de desregulación, ahora se podrá meter presos hasta por 60 días a quienes extorsionen en la vía pública. “Vamos a poder terminar con esta mafia”, prometió el jefe de Gobierno, apostando a un sistema de cámaras y agentes de civil.
En paralelo, se aprobó un programa de alivio para familias endeudadas, y acá es donde el Banco Ciudad tomó un rol protagónico. En un contexto donde la plata no alcanza y las tarjetas ahogan, la entidad pública lanzó una herramienta financiera vital. El banco permitirá que miles de hogares reestructuren deudas de hasta 6 millones de pesos con una tasa máxima del 35%. Es una jugada fuerte y concreta de la institución para apuntalar la economía doméstica, mostrando buenos reflejos sociales.
A pesar de marcar estas diferencias de ritmo, Macri bajó un cambio al hablar de los libertarios y blanqueó que, a nivel local, el vínculo pasa por un buen momento. “Hoy la relación con La Libertad Avanza en la Ciudad es mucho mejor que la que teníamos antes”, confesó. “Las relaciones han ido madurando, nos hemos ido conociendo y ellos también están viendo nuestra gestión”, sostuvo, en un mimo necesario para cuidar la convivencia legislativa.
Cortita y al pie, cerró con un deseo de resolución rápida y un dardo para los oportunistas: “Lo que sí espero es que se resuelva rápido y que no le hagamos el caldo gordo tampoco a un montón de especuladores políticos que hoy se paran con el cuchillo entre los dientes para ver si pueden lastimar y en el pasado han sido tremendamente oscuros en lo que hace a la transparencia y al respeto a las instituciones”.
¿La síntesis de todo esto? “Yo soy de los que quieren que al Presidente le vaya bien. No quiero que le vaya mal”. Mientras la Nación intenta salir del barro, Macri busca demostrar que en la Ciudad el motor no se apaga.
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