El mapa productivo del país atraviesa un cuadro sumamente delicado. La Argentina viene encadenando 16 meses consecutivos con números negativos en la cantidad de firmas activas, en lo que se posiciona como el retroceso más severo observado en los primeros meses de una gestión nacional.

El achicamiento del sector privado no da tregua. Se borró del mapa un 6% del total de los empleadores del país. Eso implica que 30.633 empresas bajaron la persiana en este período, un promedio implacable que supera las 33 unidades productivas desaparecidas por jornada. Los últimos meses volvieron a encender las alarmas al anotar el cierre de otras 2.371 compañías. El impacto se siente de lleno en la economía real: el sector comercial encabezó los cierres con 8.408 firmas menos, acompañado por el cese definitivo o freno de operaciones de marcas históricas en los rubros de electrodomésticos, textil y alimentos.

Por el lado del trabajo formal, el daño marcha en idéntica sintonía. El registro de asalariados contratados en unidades de producción cayó un 4,18%, lo que significa la eliminación directa de 411.613 puestos de trabajo. La cuenta matemática expone que unos 450 operarios pierden su sustento registrado cada día.

La industria manufacturera lidera el ranking del deterioro con 97.312 bajas laborales en el acumulado. Detrás se posicionan la construcción, golpeada por la paralización de proyectos, con 80.399 puestos perdidos, y los servicios de transporte con 72.480 bajas. Sin embargo, si se mira el derrumbe en términos relativos, la construcción se lleva la peor parte al registrar un hachazo del 16,8% de su personal.

A todo este panorama se le suma la caída del empleo en casas particulares, donde se perdieron 30.133 empleos. Por tratarse de un termómetro directo del bolsillo cotidiano, la reducción evidencia cómo los hogares recortan gastos ante el avance de la crisis económica. La foto final deja una estructura productiva acorralada entre la baja del consumo, el cierre de empresas y la pérdida constante de empleos formales.