El microclima de la Casa Rosada alcanzó esta tarde temperaturas de fundición. Bajo el fresco otoño de mayo, Javier y Karina Milei decidieron blindar a Manuel Adorni, el hombre que pasó de explicar la realidad a ser el protagonista de una trama judicial que ni el guionista más creativo de Netflix hubiera imaginado. En una reunión de Gabinete que duró dos horas y media, el Presidente no solo ratificó al Jefe de Gabinete, sino que lo hizo con la vehemencia de quien defiende un dogma, ante la mirada de ministros que, por lo bajo, empiezan a preguntarse que dirá la declaración jurada de Adorni.
La escena tuvo tintes de realismo mágico. Adorni, asediado por denuncias de enriquecimiento ilícito y bajo la lupa del juez Ariel Lijo, lideró el cónclave como si su patrimonio fuera una anécdota de café. Mientras tanto, Patricia Bullrich, hoy jefa del bloque libertario en el Senado, encarnó la incomodidad republicana. Con el rigor de quien sabe que la transparencia no es una opción sino un activo, Bullrich ya había marcado la cancha exigiendo la presentación inmediata de los papeles. Para el PRO, y para quienes aún creen en el decoro institucional, la estética del "ni en pedo se va" que ensayó Milei suena más a una estudiantina que a la seriedad que requiere un país en crisis.
El respaldo de "El Jefe" y el Presidente fue total: fotos en Mercedes Benz, defensa en redes y una alocución de treinta minutos para dejar claro que, en este esquema, la lealtad pesa más que los gastos millonarios sin explicación. Sin embargo, la tensión con Bullrich es el síntoma de una enfermedad mayor. La postura republicana que el PRO intenta inyectar en esta gestión choca de frente con la lógica del aguantadero emocional. No se trata solo de sostener a un funcionario, sino de entender que el "plan de gestión" y el mentado "Súper RIGI" no pueden navegar en aguas turbias.
Al final, Adorni agradeció a los equipos y habló de retiros voluntarios, mientras los ciudadanos se preguntan si la transparencia también está en lista de espera. Entre sonrisas de compromiso y planes presupuestarios, la reunión dejó un mensaje amargo: para algunos, la pala se usa para trabajar; para otros, parece que sirve solo para tapar los baches de una honestidad que todavía no termina de blanquearse.
Comentarios
Aún no hay comentarios. ¡Sé el primero en opinar!