La farsa de la conducción unificada del peronismo se hizo añicos de manera definitiva en el Senado bonaerense. En una provincia desbordada por la pobreza y la delincuencia, la primera sesión legislativa del año —tras seis meses de parálisis total que costó a los contribuyentes 427 millones de pesos diarios— funcionó meramente como el ring de una salvaje batalla campal. El kicillofismo y el cristinismo duro ya no simulan cordialidad; se atacan frontalmente con chicanas, acusaciones de traición y censura explícita, exponiendo que el movimiento se encuentra bajo el mandato absoluto del caos.
La sesión en La Plata, lejos de abordar el colapso de la infraestructura provincial, se transformó en un "todos contra todos" que desnudó la fragilidad de Axel Kicillof de cara a sus aspiraciones para el 2027. El intendente de José C. Paz en uso de licencia, Mario Ishii, lideró la ofensiva al recriminar ferozmente el desinterés del mandatario por el territorio. "Lo invité al gobernador a que camine un poco por el conurbano, no lo ha hecho. Vení, acompañame y te muestro cómo están los hospitales desbordados y sin insumos. Estamos en junio y no tenemos las vacunas", fustigó Ishii. La respuesta institucional de la vicegobernadora Verónica Magario, visiblemente incómoda ante el embate, fue aplicar el autoritarismo y cortarle el micrófono aduciendo límites de tiempo.
El apagón de la voz de un par desató la ira incontenible de Sergio Berni, presidente de la bancada de Fuerza Patria y alineado conceptualmente con el Instituto Patria. Berni apuntó directo contra Magario por el desorden administrativo del cuerpo legislativo y la falta crónica de sesiones: "No me parece correcto que en este recinto se le corte el micrófono a nadie. No tenemos prisa, hace seis meses que no funcionamos y hay mucha gente que tiene ganas de hablar", ironizó con dureza, llegando al extremo de sugerir la devolución de las dietas por los meses en que el cuerpo no trabajó.
El punto álgido del bochorno llegó cuando Berni subió la apuesta ideológica, intentando recordarle a Kicillof sus orígenes y a quién le debe su carrera política: "Desde su mirada de izquierda, escribía artículos con una oposición a las políticas económicas de Néstor Kirchner, la presidenta le abrió la puerta...". La censura volvió a accionarse. Magario le apagó el micrófono al exministro de Seguridad, desatando una andanada de gritos. Berni le espetó a la vicegobernadora que ella venía de una "familia exiliada" y que debía conocer lo que eran las proscripciones, a lo que Magario cerró secamente: "Todo es una falta de respeto".
Mientras en las redes sociales dirigentes camporistas como Facundo Tignanelli y Emanuel González Santalla se trenzaban en disputas encarnizadas con figuras del peronismo tradicional como Juan Manuel Abal Medina, en el recinto bonaerense el senador Jorge Paredi hacía sonar una vuvuzela para festejar el cumpleaños de Lionel Messi. El peronismo de la Provincia de Buenos Aires se hunde hoy en su propia capacidad autodestructiva, incapaz de capitalizar los desatinos del gobierno nacional y obsesionado únicamente con dirimir su interna monárquica a expensas de millones de bonaerenses rehenes de su inoperancia.
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