Hernán Lacunza, exministro de Economía, y Guido Sandleris, expresidente del Banco Central, salieron al cruce de la administración actual con duras críticas. Ambos referentes del PRO expresaron su rechazo absoluto a la medida del Palacio de Hacienda que permite a los bancos prestar hasta el 15% de los depósitos en dólares a empresas que recaudan exclusivamente en pesos.
Para Sandleris, la decisión representa una mala idea que debilita uno de los pocos consensos relevantes logrados tras el colapso financiero de 2001: la regulación prudencial estricta del sistema bancario en moneda extranjera. El exfuncionario advirtió que, aunque el cupo autorizado parezca acotado, el precedente institucional que se abre rompe una regla de oro que protegió al sistema durante más de dos décadas.
Por su parte, Lacunza fue categórico al apelar a la memoria histórica del país. "Ya hicimos eso y terminamos con la pesificación asimétrica. No cometamos los mismos errores", lanzó, explicando que financiar en divisas a sectores que operan en pesos expone a toda la cadena productiva a un descalce letal ante cualquier fluctuación brusca del tipo de cambio. Asimismo, instó a enfocar los esfuerzos en construir un mercado de crédito genuino en moneda local.
Frente a este fuerte cuestionamiento, el equipo económico ratificó el rumbo. La postura oficial sostiene que la estructura de costos en pesos resulta asfixiante y frena la inversión, por lo que movilizar los depósitos en dólares es una herramienta indispensable para oxigenar al sector industrial y de la construcción antes del tramo electoral.
En paralelo, la tensión se trasladó al segmento de las finanzas no bancarias y al drama cotidiano de los hogares. Con una inflación que no cede y salarios licuados, una enorme proporción de familias se ve empujada a un callejón sin salida financiero. El endeudamiento dejó de ser una herramienta de consumo o inversión para transformarse en un mecanismo de rigurosa supervivencia. La clase media recurre sistemáticamente al plástico de las tarjetas de crédito, préstamos rápidos de billeteras virtuales o al tradicional fiado en los comercios de barrio simplemente para poder llenar la heladera y comprar comida. Esta espiral de compromisos impagables ahoga los ingresos mensuales, destruye el tejido social y deja a millones de personas atrapadas en una rueda forzada donde pagar deudas viejas consumiendo menos alimentos se vuelve la norma cotidiana.
Consultado sobre las tasas de interés que alcanzan picos de hasta el 700% en algunas plataformas digitales, el ministro de Economía Luis Caputo las calificó públicamente de "abusivas". Sin embargo, descartó de plano cualquier tipo de regulación estatal, ratificando su doctrina de que se trata estrictamente de un acuerdo entre privados.
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