Lo que comenzó como una administración prometiendo audaces reformas estructurales hoy se consume en una feroz interna palaciega, donde el botín en disputa son los fondos reservados de la SIDE y el control absoluto del aparato de inteligencia estatal. En el epicentro de este huracán se enfrentan dos bandos irreconciliables: por un lado, Karina Milei y su aliado Martín Menem, arquitectos de una estrategia de despliegue territorial y control legislativo; por el otro, el todopoderoso asesor presidencial Santiago Caputo, quien mantiene bajo su órbita la inteligencia y las sombras del sistema. La paz precaria se terminó cuando el oficialismo, bajo órdenes directas de El Jefe, impuso a Sebastián Pareja al frente de la Comisión Bicameral de Inteligencia, despojando de ese lugar estratégico a un aliado del PRO como Cristian Ritondo y dinamitando las alianzas necesarias para la gobernabilidad. Este movimiento, visto como una declaración de guerra, respondió al pánico que generó en el ala de Karina el acercamiento de Caputo a magnates del espionaje tecnológico global como Peter Thiel. La respuesta no se hizo esperar y el conflicto escaló rápidamente hacia una guerra sucia de trolls y cuentas anónimas. El fin de semana pasado marcó un punto de no retorno cuando Daniel Parisini, conocido como El Gordo Dan y estrecho colaborador de Caputo, expuso pruebas que vinculaban una cuenta anónima crítica del gobierno, @PeriodistaRufus, con el entorno directo de Martín Menem. La defensa de Menem, atribuyendo el error a un community manager y denunciando una maniobra deliberada en su contra, no logró calmar las aguas. Santiago Caputo, ausente de la mesa política oficialista pero activo en la red social X, reafirmó su lealtad exclusiva al Presidente mientras sus seguidores arremetían contra los funcionarios que, desde las propias sombras del Ejecutivo, intentan minar su influencia. Esta guerra de guerrillas digitales, donde se cruzan carpetazos, cuentas eliminadas y operaciones de desestabilización, expone la fragilidad de una gestión que ha perdido el norte estratégico. Mientras en el Salón de los Bustos de la Casa Rosada y en los pasillos del Congreso se libran batallas despiadadas por cuotas de poder, la realidad económica golpea con dureza a los ciudadanos. El desgaste del Gobierno es profundo y evidente, atrapado en un laberinto de paranoia e intrigas, mientras gran parte de la sociedad argentina observa con desconcierto y angustia cómo sus representantes ignoran el reclamo urgente por llegar a fin de mes, priorizando la supervivencia personal en una lucha interna que amenaza con dinamitar las bases mismas del proyecto libertario, dejando al Presidente cada vez más aislado frente a su propia tropa en guerra.