Después de semanas de acumular tropiezos en el Congreso y exhibir una fragilidad que encendió todas las alarmas, el Gobierno tuvo que tragarse el orgullo y levantar el teléfono. Acostumbrado a imponer el ritmo, esta vez el oficialismo actuó por necesidad extrema. Karina Milei se comunicó directamente con Mauricio Macri, rompiendo un hielo que llevaba casi un año congelando la relación. Desde aquella turbulenta salida de Guillermo Francos de la Jefatura de Gabinete a fines del año pasado, los puentes estaban rotos. Hoy, la urgencia libertaria los obliga a reconstruirlos sin margen de error.
El PRO llega a esta cita con la certeza absoluta de tener la sartén por el mango. Saben que son el actor fundamental de la jornada y que la Casa Rosada los necesita de manera imperiosa para no naufragar en medio de la tormenta política. Esta nueva relación de fuerzas quedará expuesta este jueves a las 11 de la mañana, cuando Cristian Ritondo y Fernando de Andreis crucen la pesada puerta de Balcarce 50. Como enviados directos del ex presidente, se sentarán frente al jefe de Gabinete, Diego Santilli, y Eduardo "Lule" Menem para escuchar qué tienen para ofrecer a cambio de supervivencia.
Mientras la relación estuvo en pausa, Macri se movió rápido. Recorrió el interior del país con su armado territorial llamado "El Próximo Paso", reactivó el músculo del partido a nivel nacional y dejó flotando en el aire una posible candidatura presidencial para 2027. La orden para su tropa fue clara y sumamente pragmática: hay que agotar todas las instancias para que la gestión no termine en un fracaso.
Aunque desde el Gobierno intentan disimular su enorme dependencia diciendo que es una simple reunión de equipos, los verdaderos ejes de discusión que se pondrán sobre la mesa marcan a fuego el futuro del país. El primer tema a tratar es el salvataje legislativo. El oficialismo necesita destrabar de inmediato el pantano del Congreso. A cambio de levantar la mano, el PRO exigirá que se lo reconozca formalmente como el verdadero garante de la gobernabilidad y el socio indispensable, terminando de una vez por todas con los destratos públicos.
La segunda cuestión central es el blindaje total en la Ciudad de Buenos Aires. Es una línea roja innegociable. El macrismo quiere asegurar el terreno para la reelección de Jorge Macri sin ninguna clase de interferencia. Con Manuel Adorni fuera del mapa por sus causas judiciales, la exigencia directa es que La Libertad Avanza no impulse candidaturas paralelas, bloqueando en seco cualquier intento de Patricia Bullrich en territorio porteño.
Además de la Capital, la discusión pasa por el control de la Provincia de Buenos Aires. Ambas fuerzas saben perfectamente que divididas pierden todo su peso. La idea que toma forma en la mesa de negociación es encolumnar toda la estructura bajo la figura de Diego Santilli, unificando fuerzas para asegurar el bastión electoral más pesado y complejo del país.
Finalmente, el factor presidencial es la carta de cambio más cara de todas. Si el Gobierno cede el control absoluto en la Ciudad y en la Provincia, el PRO ofrecería como garantía definitiva que Mauricio Macri archive su candidatura presidencial para no competir contra Javier Milei. Esta jugada maestra frenaría también a figuras propias que ya se anotaron en la carrera con demasiado entusiasmo, como Hernán Lacunza. Las cartas ya están repartidas sobre el paño y los roles, totalmente invertidos. Mientras el oficialismo corre contra las cuerdas apremiado por sus recientes derrotas, la cúpula del PRO administra los tiempos con absoluta frialdad. Entendieron que, en este momento preciso de la historia, tienen la llave maestra del Gobierno.
Comentarios
Aún no hay comentarios. ¡Sé el primero en opinar!