Cristian Ritondo avisó que esperarán la letra chica del Senado para dar el debate interno y definir una postura unificada.

En paralelo, gobernadores como Rogelio Frigerio ya evalúan achicar el maratón electoral provincial para no desgastar a la gente.

A ver, seamos claros. En la política argentina, tocar las reglas del juego electoral siempre levanta polvareda, y el Gobierno nacional acaba de tirar una piedra al avispero con su idea de eliminar las PASO. ¿Qué hizo el PRO? Pisó la pelota, miró la cancha y decidió que no se va a dejar llevar por el apuro. Nada de firmar cheques en blanco ni de levantar la mano a las apuradas.

Por los pasillos del Congreso, la orden que baja desde la conducción del bloque que lidera Cristian Ritondo es cristalina: acá no se toma ninguna decisión hasta que el Senado no mande el texto definitivo. Básicamente, quieren leer la letra chica antes de sentarse a discutir en Diputados. Y tiene mucho sentido. Nadie quiere dar un paso en falso cuando se trata de cómo vamos a ir a votar en las próximas elecciones presidenciales y legislativas.

Pero ojo, que el PRO no esté corriendo detrás de la iniciativa libertaria no significa que estén ciegamente enamorados de cómo funcionan las cosas hoy. Puertas adentro, los propios dirigentes reconocen que el sistema actual es un dolor de cabeza. ¿A quién le gusta ir a votar hasta seis veces en un solo año? A la gente común la agota, y al Estado le cuesta una verdadera fortuna. Esas críticas, dicen, son más que entendibles.

Acá es donde el partido fundado por Mauricio Macri saca su propio as bajo la manga y propone una salida por el medio. La idea es sencilla pero potente: mantener las primarias, pero quitarles la obligación. "La democracia tiene costos, el objetivo es que sean eficientes", repiten desde el espacio. Es decir, que siga existiendo la herramienta para que los partidos que necesiten dirimir internas lo hagan, pero sin forzar a todos los electores y agrupaciones a participar de un trámite que a veces parece innecesario. 

No es casual que defiendan el mecanismo. En el campamento amarillo tienen muy buena memoria. Saben perfectamente que, sin las PASO, armar las ingenierías electorales que llevaron al poder tanto a Macri en su momento, como a Javier Milei más recientemente, habría sido una misión casi imposible. Fueron el gran filtro para ordenar la oferta opositora. Ritondo lo dejó clarísimo hace poco: han sido un instrumento súper positivo y todavía no están listos para acompañar una transformación tan radical de la ley.

Ahora bien, el panorama cambia un poco si miramos el interior del país. Los gobernadores del PRO, que lidian con la gestión y el humor social todos los días, tienen una mirada bastante pragmática. Tomemos el caso de Rogelio Frigerio en Entre Ríos. El gobernador viene tejiendo una relación excelente con la Casa Rosada y ya está coqueteando con la idea de simplificar el calendario. Cerca suyo admiten que borrar las PASO provinciales es una posibilidad latente de cara al 2027. La prioridad de los mandatarios aliados es hacerle la vida más fácil a la gente.

En resumen, la discusión está más abierta que nunca. El PRO le pone paños fríos al entusiasmo oficialista y exige una charla profunda, que no se quede solo en tachar la palabra "primarias", sino que revise a fondo el financiamiento y los avales de los partidos. Todo indica que las negociaciones van a requerir mucha muñeca política.