Javier Milei ya empezó a jugar el partido de 2027, aunque todavía tiene un año y medio de mandato. En la Casa Rosada creen que un segundo período es indispensable para consolidar el programa libertario, pero también saben que el camino está lejos de estar despejado. La estabilidad macroeconómica, la negociación con los gobernadores, el vínculo con Mauricio Macri y el PRO, la reforma electoral y, sobre todo, el humor social aparecen como piezas de un rompecabezas que todavía está lejos de completarse.
El Gobierno exhibe como principal activo la desaceleración de la inflación, el equilibrio fiscal y una economía que comienza a mostrar señales de mayor previsibilidad para los mercados. Esa es la carta que Milei pretende jugar para sostener el relato de que el sacrificio inicial tendrá recompensa. Sin embargo, la política argentina rara vez se decide únicamente por las variables macroeconómicas. La verdadera prueba pasa por la microeconomía: el salario, el consumo, el empleo y la sensación cotidiana de llegar o no a fin de mes.
En la Casa Rosada admiten que ese será el gran examen. Si la recuperación no logra sentirse en el bolsillo de la clase media y de los sectores populares, cualquier mejora en los indicadores económicos podría resultar insuficiente para sostener una reelección. El humor social continúa siendo el principal termómetro de la política y todavía no hay certezas sobre cómo evolucionará durante los próximos meses.
En paralelo, el oficialismo intenta avanzar con una profunda reforma electoral que considera clave para el escenario de 2027. La eliminación definitiva de las PASO es uno de sus principales objetivos, pero la iniciativa encontró un freno inesperado entre quienes hasta ahora fueron sus principales aliados parlamentarios.
El PRO, la UCR y buena parte de los bloques provinciales rechazan reemplazar las primarias por un sistema de listas colectoras. Argumentan que esa alternativa terminaría concentrando un poder excesivo en La Libertad Avanza para decidir qué fuerzas pueden competir bajo su paraguas electoral y cuáles quedan afuera. En otras palabras, sostienen que deformaría la competencia y debilitaría la autonomía de los partidos.
Esa diferencia abrió una negociación que hoy tiene dos protagonistas centrales. Por un lado, Patricia Bullrich intenta mantener abierto el diálogo legislativo para evitar que la reforma naufrague en el Senado. Por otro, el jefe de Gabinete, Diego Santilli, desarrolla una intensa ronda de conversaciones con los gobernadores, convencido de que serán ellos quienes terminarán inclinando la balanza.
Los mandatarios provinciales se convirtieron en actores indispensables para cualquier proyecto político nacional. La Casa Rosada necesita sus votos en el Congreso, pero también su respaldo territorial para construir una mayoría estable hacia 2027. En ese contexto, los gestos políticos y la asistencia financiera comenzaron a transformarse en herramientas de negociación que nadie pasa por alto.
En ese tablero también juega Mauricio Macri. El expresidente mantiene una posición de equilibrio: acompaña muchas de las reformas económicas impulsadas por Milei, pero al mismo tiempo procura preservar la identidad del PRO y evitar una absorción completa por parte de La Libertad Avanza. En el macrismo sostienen que una alianza no puede significar una rendición política y consideran que el partido todavía conserva un peso territorial decisivo para cualquier construcción electoral competitiva.
Por eso, el PRO observa cada movimiento del Gobierno con una mezcla de cooperación y cautela. Si la economía logra consolidarse y el oficialismo mantiene altos niveles de respaldo social, una confluencia electoral aparecerá como un camino lógico. Pero si el desgaste político se acelera y el malestar económico persiste, el partido de Macri buscará aumentar su capacidad de negociación e incluso preservar un margen propio para disputar el liderazgo del espacio de centroderecha.
La carrera hacia 2027 recién comenzó. Milei apuesta a que la macroeconomía termine ordenando la política. Sus aliados creen que ninguna reforma alcanzará sin acuerdos amplios. Los gobernadores saben que hoy poseen la llave de muchas decisiones. Y los argentinos, mientras tanto, seguirán votando con un criterio mucho más simple: el de su propio bolsillo. En ese equilibrio entre economía, política y expectativas se definirá si la reelección del Presidente se convierte en una realidad o si, finalmente, queda como una apuesta que nunca dejó de ser una moneda en el aire.
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