Hernán Lacunza, economista del PRO, volvió al ruedo con una lectura muy fina del momento económico que atraviesa Argentina. El exministro de Mauricio Macri, lejos de sumarse a los aplausos cerrados, puso el foco en lo que viene: un segundo semestre que, en sus palabras, va a ser la verdadera prueba de fuego para el programa de Javier Milei.
El diagnóstico de Lacunza es claro: estamos ante una "economía bipolar". Por un lado, reconoce que el Gobierno hizo los deberes en lo macro: la inflación bajó, el gasto público se ordenó y hay un horizonte más despejado en lo financiero. Pero, por otro lado, esa "paz" todavía no bajó al bolsillo de la gente ni se tradujo en una reactivación real.
El punto más inquietante de su análisis es el dólar. Lacunza avisa que la luna de miel con el ingreso de divisas de la cosecha está llegando a su fin. A partir de ahora, la oferta de moneda extranjera va a escasear mientras la demanda, por razones estacionales y electorales, inevitablemente va a subir. "El segundo semestre empieza un período de menor abundancia", tiró, dejando claro que mantener el precio de la divisa tranquilo será bastante más difícil de lo que vimos hasta acá.
Pero el economista fue más allá y puso el dedo en la llaga con el famoso cepo cambiario. Para él, lo que nació como un torniquete necesario para frenar una hemorragia, si se deja puesto demasiado tiempo, termina generando una "trombosis". En criollo: las restricciones pueden salvarte en la urgencia, pero a la larga asfixian la inversión y frenan cualquier posibilidad de contratar personal. De hecho, deslizó un dato contundente: la inversión privada suma cuatro trimestres en caída. Para Lacunza, si no hay señales claras para el sector privado, la estabilidad sola no basta para sacar al país del pozo.
En cuanto a los subsidios, su postura es pragmática: apoya el sinceramiento de tarifas. Argumenta que vivir pagando precios artificiales no era gratis, sino que se pagaba por otras vías más dañinas, como la emisión monetaria o la deuda. Según sus números, ya pasó lo peor del ajuste tarifario y lo que queda por delante debería ser mucho menos doloroso para el usuario.
Finalmente, Lacunza no esquivó el bulto cuando le consultaron por las críticas de Milei hacia la gestión de Mauricio Macri, puntualmente por el reperfilamiento de deuda de 2019. Para él, juzgar esa medida con el diario del lunes es un error: no fue un capricho político, sino la única herramienta que tenían a mano para evitar una crisis en el tramo final del mandato.
En definitiva, la postura de Lacunza es la de un técnico que reconoce los aciertos de la gestión actual, pero que marca la cancha sobre lo que falta. El desafío hoy ya no es solo evitar el colapso, sino lograr que la estabilidad se transforme, de una buena vez, en crecimiento genuino y empleo. El segundo semestre dirá si el plan tiene la nafta suficiente para ese cambio de ritmo.
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