La macroeconomía respira aliviada en los despachos, mientras el bolsillo sigue esperando su turno.

A veces, lo que se festeja en las planillas de Excel no tiene absolutamente nada que ver con lo que pasa cuando vas al supermercado. Y la visita de Kristalina Georgieva a Buenos Aires dejó esa brecha más expuesta que nunca. La jefa del Fondo Monetario Internacional se paseó por el Ministerio de Economía y la Casa Rosada repartiendo elogios para la motosierra de Javier Milei. Tan bien los ven desde Washington, que directamente le bajaron el pulgar a la idea de mandar plata fresca. Según Georgieva, Argentina está lo suficientemente sólida como para arreglárselas sola, descartando de plano un salvavidas financiero extra de acá a las elecciones de 2027.

Para el Gobierno, la conferencia con Luis Caputo fue pura música para sus oídos. Georgieva se mostró maravillada con la frenada de la inflación y le tiró flores a la disciplina fiscal del equipo económico. Hasta se dio el lujo de dejarle un recadito directo a la cúpula del Banco Central: "Sigan comprando". En criollo: al FMI ya no le quita el sueño si el país va a tener o no los dólares para pagar la deuda. Compraron la hoja de ruta completa.

Pero la macroeconomía no hace las compras del mes. Y acá es donde el discurso internacional choca de frente con la malaria del día a día. La funcionaria reconoció que el proceso es durísimo, aunque en el medio soltó una frase que hizo bastante ruido: aseguró que la baja inflacionaria ya hizo caer la pobreza, un dato fenomenal para un atril, pero que cuesta un montón encontrar en la calle, donde los sueldos quedaron planchados y llegar a fin de mes sigue siendo un deporte de altísimo riesgo.

Donde la titular del Fondo sí prendió una luz roja fue al mirar los recibos de sueldo. "El desempleo no es alto, pero gran parte se da de forma informal", disparó. Hay trabajo, pero en negro, sin red de contención y mal pago. Para Georgieva, esa informalidad es la prueba de que el mercado laboral no tiene fuerza. Por eso pidió ponerle fichas a las Pymes, las verdaderas dueñas del empleo en el país, y deslizó que avanzar con una reforma sería "muy sano" para blanquear a los que hoy están pedaleando en el aire.

Entre charlas con estudiantes, cenas con el círculo rojo empresario y un vuelo exprés a Vaca Muerta para sacarse la foto con el CEO de YPF, Georgieva dejó un último consejo de manual: pidió luchar contra la corrupción. Todo muy diplomático, obvio, sin salpicar a nadie de la política local actual.

Al final del día, el Gobierno consiguió exactamente lo que quería. La foto perfecta, el aval de los mercados y la bendición de su principal acreedor. El tema es que con el respaldo del FMI no alcanza. Ahora arranca la parte más difícil: lograr que este festival de números verdes en Wall Street se convierta, de una buena vez, en plata en el bolsillo de la gente.