A las 09:53, la hora exacta en que el horror cambió la historia argentina en 1994, el sonido de la sirena volvió a cortar el aire de Once. Fue un escalofrío en el pecho para los familiares de las 85 víctimas fatales y los más de 300 heridos, un recordatorio ensordecedor de que el tiempo pasa, pero la herida sigue abierta.

El acto de este año tuvo una particularidad: se adelantó unas horas porque el 18 cae sábado, el inicio del Shabat, el día sagrado de descanso. Pero de descanso no hubo nada en los discursos. Frente a la mirada del presidente Javier Milei la comunidad judía dejó en claro que la paciencia se agotó. La conducción del evento estuvo a cargo del actor Martín Seefeld, quien con tono quebrado dio paso a las palabras más esperadas de la jornada.

Osvaldo Armoza, el flamante titular de la mutual, se paró frente al micrófono y no anduvo con rodeos. Aunque empezó rescatando la resiliencia de una comunidad que "sigue de pie", el foco de sus palabras fue un dardo directo al corazón del Poder Judicial. El reclamo no fue un simple recordatorio formal, sino una denuncia explícita del abandono institucional que sufre la investigación.

Armoza apuntó sin titubeos contra el juez Daniel Rafecas y le exigió a la Corte Suprema de Justicia que reaccione de una vez por todas. El pedido concreto es que se revoque la absolución de Carlos Telleldín, señalado como el entregador de la camioneta que se usó como coche bomba. El titular de la AMIA usó metáforas dolorosas pero reales: la causa, según sus palabras, está "detenida, adormecida o cajoneada". Es la misma sensación que comparten los familiares desde hace más de tres décadas, viendo cómo los años pasan entre trámites burocráticos y nulos avances para juzgar a los diez ciudadanos iraníes acusados del ataque. La gran apuesta ahora parece ser el juicio en ausencia, una herramienta legal que todavía duerme en el Congreso.

Desde el plano oficial, el canciller Pablo Quirno sumó su voz a través de las redes sociales, asegurando que el atentado "marcó para siempre a la Argentina" y reafirmando el compromiso del Gobierno en la lucha contra el terrorismo. Sin embargo, para los que se pararon sobre el asfalto de Pasteur, las declaraciones de compromiso ya no alcanzan. Lo que se necesita son firmas, fallos y condenas. Al final del día, cuando la sirena dejó de sonar, lo que quedó flotando en Once fue el peso de la memoria y la certeza de que, mientras la Justicia siga anestesiada, la Argentina seguirá teniendo una deuda impagable con sus propios muertos.